Guía de apoyo psicológico para enfermedades raras (FEDER)
| GUÍA DE APOYO PSICOLÓGICO PARA ENFERMEDADES RARAS | ||||
| // fecha de publicación 21/09/2009 6:00:00 | ||||
|
||||
26 Septiembre 2009
| GUÍA DE APOYO PSICOLÓGICO PARA ENFERMEDADES RARAS | ||||
| // fecha de publicación 21/09/2009 6:00:00 | ||||
|
||||
26 Agosto 2008
![]()
![]()
El 35% de la población padece el síndrome postvacacional
![]()
Los psicólogos del ISEP aseguran que este año el síndrome postvacacional se verá agravado por la crisis económica, causando una mayor incapacidad de adaptación al ritmo cotidiano
Madrid, 26 agosto 2008 (mpg/AZprensa.com)
Irritabilidad, tristeza, apatía, cansancio, ansiedad y falta de concentración, entre otros, son algunos de los problemas que padece el 35% de la población cuando retoma el trabajo después de las vacaciones de verano, según un estudio realizado por el Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP).
Los psicólogos del ISEP aseguran, además, que este año el síndrome postvacacional se verá agravado por la crisis económica, causando una mayor incapacidad de adaptación al ritmo cotidiano. Por ello, las familias que hayan reducido sus vacaciones o hayan gastado más de la cuenta se verán frustradas por no haber hecho todo lo que tenían previsto o, en en el caso contrario, verán que los gastos son tan altos que no pueden cubrirlos.
Según los psicólogos, se puede evitar el síndrome postvacacional si se reparten las vacaciones en diferentes periodos, se intenta seguir con las rutinas diarias, se disfuta de unos días de descanso en casa, días antes de empezar a trabajar, y no se gasta más de la cuenta.
![]()
25 Agosto 2008
![]()
“El suicidio y la urgencia” ha sido el tema sobre el que ha versado el taller dirigido por José Guimón, médico psiquiatra de Avances Médicos, S.A. (AMSA) dentro de los cursos de formación organizados por la Fundación de Estudios Sanitarios-Osasun Ikaskuntza Fundazioa, en el mes de marzo de 2007.
“El suicidio es una eventualidad angustiosa y dura pero relativamente frecuente”. La frase corresponde a José Guimón, médico psiquiatra de Avances Médicos, S.A. (AMSA) y coordinador de este curso de formación. Guimón asienta esta sentencia en datos sólidos, reales. “Hasta un diez por ciento de la población tiene ideas muy repetidas de suicidio. Esto significa que todos ellos lo intenten pero sí que la tendencia está ahí, latente. En realidad sólo una pequeña parte llega a la tentativa de suicidio”.
¿Pequeña? Quizás no tanto. Recuerda Guimón que “la OMS habla de una media de 190 tentativas de suicidio por cada 100.000 habitantes y de una consumación de 15 de ellos” aunque los números fluctúan. “Por ejemplo, en EE.UU. lo logran 12 de cada 100.000 mientras que en algunos países nórdicos esa consumación alcanza a los cien suicidas”.
El médico psiquiatra de Avances Médicos S.A. (AMSA) puntualiza que “las tentativas son más frecuentes en mujeres que en hombres, si bien es el género masculino quien tiene más “éxito” a la hora de consumar la acción”. La estadística aclara que la franja de edad de mujeres que va entre los 15 y los 24 años y de hombres entre los 25 y los 34 años recogen el mayor índice de primeros intentos”. La literatura científica recoge algunos otros datos de relevancia. “Por ejemplo, los judíos y los católicos intentan suicidarse menos que los protestantes. ¿Por qué? Quizás por una forma de ver la vida distinta debido a su cultura religiosa”.
Desde la consideración de que “la inmensa mayoría de quienes intentan suicidarse acaban siendo tratados en hospitales generales por médicos de Atención Primaria”, Guimón apunta una serie de parámetros que han de tenerse en cuenta para su tratamiento de urgencia. “En primer lugar, claro está, salvarle la vida al paciente. Curarle la herida, reanimarle, hacerle un lavado de estómago… ¡Lo que sea! Hay que considerar que el 80% de quienes intentan suicidarse escogen la vía de la intoxicación por medicamentos, quizás porque resulte la fórmula menos violenta de todas”.
Una vez estabilizado el paciente, “surge el debate sobre si ha de ser ingresado o no. Es una decisión que genera controversia porque en muchas ocasiones la familia o el propio paciente no quieren contemplar esta posibilidad. La realidad de los números, no obstante, la recomienda. Basta recordar que hasta un mes después de un intento de suicidio el riesgo de repetición es elevado, en torno al cuarenta por ciento”.
En el caso de que un paciente sea ingresado, el camino recomendado por José Guimón es “el tratamiento terapéutico de la ansiedad con ansiolíticos, el diálogo con el paciente con el fin de ganarse su confianza y hacerle hablar de sus problemas con franqueza, sin menosprecio de los mismos y sin exageración con el fin de alcanzar una empatía que le permita hacerle ver que la situación no es tan desesperada”.
Mitos falsos sobre el suicidio
Entiende José Guimón que la sociedad, “e incluso la propia comunidad de los médicos en ocasiones, maneja una serie de mitos falsos sobre el suicido. Se usa mucho la frase de “perro ladrador, poco mordedor” en referencia a quien anuncia de manera reiterada que se va a suicidar no lo intentará jamás. Eso es falso. Es más, quienes lo anuncian tanto lo acaban intentando siempre, tarde o temprano”.
No es el único punto a tener en cuenta. “Existen también la corriente que apunta a que algunos suicidas buscan llamar la atención, manipulan y manejan a su entorno para que éste les haga caso. Hay que tener mucho cuidado con estas cuestiones. Es cierto que en ocasiones puede darse algún episodio de este tipo, pero no lo es menos que también intentan suicidarse y que, en un porcentaje, lo consiguen”.
Un tercer mito a derribar es el que insinúa que “hablar directamente del suicidio es perjudicial para el paciente. Hay que preguntarle con franqueza y de manera abierta si se quiere suicidar o no, porque quienes dan respuesta afirmativa a estas pregunta tarde o temprano lo intentan”.
Por el contrario, la teoría de que algunas conductas suicidas son hereditarias no pertenece al mundo de los mitos sino de las realidades. “Existen algunas enfermedades depresivas y esquizofrénicas en las que se detectan niveles bajos de serotonina, una sustancia que está relacionada con las tendencias suicidas y cuya ausencia predispone al mismo. En el caso, sobre todo, del trastorno bipolar (enfermedad hereditaria), estos niveles bajos se acucian en la fase depresiva y eso hace que se hayan detectado cuadros de familias con numerosos antecedentes suicidas”.
Por todo ello, el psiquiatra de AMSA recomienda a los médicos de Atención Primaria “tener en cuenta una serie de factores de predicción que pueden servir de alerta para prevenir la repetición del intento. Así, una edad superior a los 48 años, el alcoholismo, cuadros irritables o de cólera, intentos de suicidio en épocas anteriores, depresiones largas y crónicas, antecedentes de hospitalización psiquiátrica, pérdida reciente de un familiar o un ser querido, padecimientos de enfermedades graves e irreversibles que anuncian dolor, desempleo o jubilación recientes o desgarros sentimentales son cuestiones que han de valorarse como posibles desencadenantes de un nuevo intento”.
La teoría de la muerte digna
Guimón maneja una teoría particular sobre hasta dónde ha de intervenir el médico ante una persona que se quiere suicidar. “Si un individuo no tiene trastorno psiquiátrico alguno y está sano mentalmente, el médico no ha de intentar convencerle de lo contrario al tratarse de una decisión personal, independientemente de la religión que profese casa uno. Existen algunos precedentes al respecto y en Suecia, por ejemplo, la legislación permite la proliferación de los pisos protegidos “Exit” en los que fomenta el derecho a una muerte digna. En España, Salvador Pániker ha fundado una Asociación Nacional para el Derecho a una Muerte Digna con el fin de conseguir que las leyes estatales también contemplen esta posibilidad”.
“Otro caso”, puntualiza el psiquiatra, “es que se trate de un enfermo mental o de una persona hipocondríaca. Entonces la obligación del médico es la de corregir por todos los medios el desarreglo psiquiátrico porque, una vez controlado, la tendencia suicida desaparece”.
Otra de las cuestiones colaterales al suicidio afecta a “cómo tratar con los familiares de una persona que ha suicidado. A menudo arraigan en ellos sentimientos de depresión, ansiedad, culpabilidad o vergüenza (en ocasiones todos junto) que han de controlarse, haciéndoles ver que la decisión de un individuo no atañe a su personalidad”.
EL DIEZ POR CIENTO DE LA POBLACIÓN TIENE IDEAS REPETIDAS DE SUICIDIO
· La Organización Mundial de la salud (OMS) estima que 190 de cada 100.000 personas hacen al menos una tentativa de suicidio a lo largo de su vida; quince de ellas lo consuman.
· El porcentaje de mujeres que lo intentan es superior al de los hombres. Sin embargo, éstos logran el objetivo con mayor frecuencia.
· El riesgo de que se intente repetir un suicidio es elevado. Hasta un 40% de las personas que lo han intentado reinciden durante el siguiente mes.
· Judíos y católicos tienen menos índice de suicidio que los protestantes
· El 80% de los intentos de suicidio se realizan mediante el consumo de sustancias medicamentosas con el fin de hallar la muerte por intoxicación.
· Existen mitos falsos como el del “perro ladrador poco mordedor”. Quien anuncia que quiere suicidarse acabará intentándolo.
· Los médicos de Atención primaria deben valorar factores de predicción y establecer un contacto de empatía con el suicida que ingresa en urgencias
![]()
11 Febrero 2008
El médico de atención primaria debe asegurar una 'alianza terapéutica' con el paciente para que acuda a la consulta y tome la medicación prescrita
La mejoría de la depresión puede ser un arma de doble filo. Denota cuándo un paciente se está recuperando de esta grave enfermedad mental, pero también es el momento en que los afectados con ideaciones suicidas tratan de atentar contra su propia vida. Los médicos de atención primaria deben intentar descubrirlos en su consulta y orientarlos para evitar estas muertes prematuras.
La depresión afecta entre un 10% y un 15% de la población mundial, al menos una vez a lo largo de su vida, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esto significa que el número de personas deprimidas alcanzaría los cuatro millones de personas, lo que implica que el número de psiquiatras y psicólogos es insuficiente para atender esta enfermedad mental. Por fortuna, los médicos de atención primaria están capacitados para atenderlas y tratarlas.
La mayoría de afectados por la depresión presentan un cuadro caracterizado por el desánimo, la apatía y la tristeza profunda. En ese estado apenas reúnen fuerzas para levantarse de la cama al día siguiente. Cuando mejoran, uno de los grandes riesgos de estos pacientes -sobre todo mujeres- es que les asalten esas ideas suicidas. De hecho, curiosamente, muchos cometen tentativas de suicidio durante la etapa de recuperación, puesto que mientras dura la fase de tristeza profunda no tienen capacidad para ello, ni siquiera para planificarlo.
Sin embargo, la fase de recuperación resulta especialmente peligrosa. En ese momento los pacientes han recobrado parte de sus fuerzas, que todavía son insuficientes para afrontar la vida con optimismo pero suficientes para planear el suicidio e, incluso, intentar llevarlo a la práctica, según José Ángel Arbesu, coordinador del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, SEMERGEN, y uno de los directores científicos del programa 'Psicopíldoras formativas en Salud Mental'.
Los médicos que forman parte de este programa se han formado en dieciocho casos de enfermedades mentales que, con frecuencia, pueden encontrarse en las consultas de primaria en la vida real. El suicidio y cómo orientar a las personas con ideaciones suicidas es uno de los casos sobre los que se ha ilustrado a estos médicos de atención primaria.
La empatía con el enfermo es fundamental para intentar averiguar qué pacientes desarrollan ideaciones suicidas. Así, en la entrevista clínica se recomienda al médico ir de menos a más en las preguntas íntimas y partir de temas generales para luego introducir preguntas más importantes. Ésta sería una de las múltiples formas para preguntarle acerca de los pensamientos suicidas de un modo indirecto.
Si el paciente depresivo mantiene buenos vínculos familiares y sociales es posible tratarlo desde la atención primaria con la medicación pertinente
Una vez que el médico llega a la conclusión de que el paciente tiene ideaciones suicidas, debe considerar cuál es el mejor modo de abordar su atención. En los casos de mayor riesgo, puede enviarlo al hospital. Estos casos de riesgo alto se identifican gracias al conocimiento de distintos marcadores o indicadores de riesgo de suicidio: pacientes que viven solos, con pocos vínculos sociales y familiares, problemas económicos o de adicción al alcohol, entre otros.
Todo ello debe ser valorado por el médico de atención primaria. Pero, si éste descubre que el paciente tiene buenos vínculos familiares y sociales, y nunca ha hecho un intento de autolesión, es posible tratarlo en el primer nivel asistencial con la medicación pertinente. No obstante, debe asegurarse de que llega a una 'alianza terapéutica' con el paciente, es decir, conseguir que éste le prometa acudir a la consulta y tomar la medicación que se le prescriba.
Cuando el paciente vive solo, tiene problemas con el alcohol, económicos o de otra índole y sufre de aislamiento social, lo adecuado es derivarlo a una unidad de salud mental para que le atiendan los profesionales competentes en estos casos. «Lo primero que debe hacer el médico de primaria es no prejuzgar al paciente, sino escucharlo, oír sus opiniones e intentar desactivar sus creencias negativas. Pero nunca juzgarlo moralmente», advierte Arbesu.
El médico de atención primaria prescribe medicación (antidepresivos y tranquilizantes) y psicoterapia, pero también procura conectar con su entorno familiar y social para que el paciente tenga vínculos y no se quede aislado. Esta conexión con el núcleo familiar y social se considera fundamental para que el afectado por la depresión evolucione bien.
No obstante, el médico debe hablar con sus familiares para dejarles claro que no deben forzar al enfermo a hacer cosas que no desea o para las que no tiene fuerzas. Es posible que la familia, con la mejor de sus voluntades, intente sacarlo de casa o promover actividades con él a las que no habría que obligarle, al menos durante la fase de tristeza, apatía y desesperanza propia de la depresión. Más adelante, sí que se puede intentar programar actividades que le ayuden a salir de la apatía.
Cuando se habla de suicidio son varios los tópicos que de inmediato surgen en los diferntes ámbitos, muchos de ellos, falsos. El más extendido es que si se habla demasiado de suicidio, la población tienda a emularlo y se 'contagia', una creencia popular que es totalmente falsa, según el experto de SEMERGEN. Este especialista ha insistido en que otra creencia errónea es que el paciente depresivo profundo se suicida y el que mejora de la depresión no se suicida, cuando ocurre lo opuesto.
Aunque se tiende a decir que no se puede saber cuándo se va a suicidar un paciente y que el suicidio es imprevisible, esto no es del todo cierto. El paciente va dejando pistas elocuentes con las que se va despidiendo, como hacer el testamento. «Estos pacientes suelen acudir a las consultas y dejarnos pequeños indicios de que está pensando suicidarse, aunque los que están muy, muy deprimidos, no están capacitados para planificarlo».
La mayoría de los pacientes con depresión tienen ideaciones suicidas, en concreto, las estadísticas revelan que lo intentan más las mujeres, aunque lo consuman más los hombres. Atentar contra la propia existencia es un acto más común en las edades medias de la vida, aunque también se percibe un riesgo elevado en las personas mayores que viven solas, con pocos vínculos familiares (por viudedad) y sociales. En Europa, el país donde se registran más suicidios es Finlandia, cuya tasa es de 37,9 por 100.000 habitantes, según datos de 2002 difundidos por la OMS.
Las tasas más altas de suicidio corresponden a los países nórdicos, mientras que las más bajas se encuentran en los países latinos y mediterráneos. Se considera una tasa baja alrededor de 5 casos por 100.000 habitantes. En España la provincia que tiene una mayor tasa de suicidio es Lugo, donde este acto se sitúa entre 15 y 30 casos por 100.000 habitantes.
19 Enero 2008
JANO.es · 18 Enero 2008 08:24
Genes relacionados con esta enfermedad mental, regulados por la hipoxia o ligados a funciones vasculares en el cerebro, interactúan con graves alteraciones obstétricas
!-->!-->!-->
16 Enero 2008
La nueva generación (apodada por algunos como “generación youtube”) es mucha más participativa aunque existen grandes diferencias si analizamos la actividad preferida por cada uno de los sexos.
Mientras que las chicas prefieren “bloguear”, a los chicos les va más el “youtube” según una reciente investigación conducida por Pew Internet & American Life Project sobre la actividad online de los adolescentes estadounidenses.
A diferencia de la generación anterior, los adolescentes son comunicativos y participativos. Un 64% de los adolescentes que tienen acceso a Internet declaran producir algún tipo de contenido y 3 de cada 4 participan con comentarios, fotos o videos en blogs.
Veamos algunas de los datos del informe.
Las niñas, son por lo general más creativas y apuestan más por los blogs, como lo demuestra el hecho de que un 35% tienen su propio espacio (20% los chicos) y postean más fotos a (54% de las chicas por 40% de los chicos). En cambio, a los chicos les encanta postear comentarios en Youtube (19% en comparación con el 10% de las chicas).
Una de las partes más interesantes de este estudio es la identificación de un sub-grupo de adolescentes que los investigadores califican como “super-comunicadores”. Se trata de jóvenes que usan una amplia gama de medios para estar en contacto permanente con la familia y amigos. Combinan desde el teléfono móvil al fijo, Internet, redes sociales, SMS y messenger. Ya representan un 30% de la población juvenil estadounidense que “no está sola nunca”.
16 Enero 2008
Lunes 14 de enero de 2008
Muchos llenan un vacío interior con sus tareas.
Personas de entre 35 y 50 años, de condición socioeconómica media y alta, son el blanco perfecto para la adicción al trabajo.
Los síntomas se parecen a la pasión amorosa
El viaje en tren resulta una aventura cautivante para los nostálgicos
El peligro de la adicción al trabajo
No sabemos muy bien qué nos has pedido, pero estamos seguros de que no lo encontramos...
Puedes volver a empezar.
Todo el mundo conoce la vieja sentencia: “si el trabajo es salud, que viva la enfermedad”. Algunos respetan esta sentencia a rajatabla, y de una forma muy particular: han convertido al trabajo en su enfermedad, o por lo menos en un síntoma. En España se los llama “laboradictos”, y en Estados Unidos se empezó a hablar de ellos en los años 80, en que se acuñó el término workaholics de combinar las palabras “trabajo” -work- con alcoholic.
Por aquí se los llama simplemente adictos al trabajo y, justamente, lo que se dice es que son personas para las cuales las tareas terminan cumpliendo la misma función que para otros ocupa el alcohol: la de pasar a ser “lo único” y tapar grandes vacíos en otras áreas de la vida.
Pero la diferencia entre una persona adicta al trabajo y otra que simplemente trabaja -acaloradamente, si se quiere- puede no ser tan clara. Para la doctora María Teresa Calabrese, psiquiatra y psicoanalista miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), el valor positivo que la sociedad da al trabajo hace que este tipo de adicciones sea más difícil de identificar que otras, como podría serlo la adicción a alguna sustancia.
“La diferencia entre una persona que es adicta al trabajo y una muy responsable puede ser muy sutil”, reconoce; “pero, en general, el adicto es una persona que está todo el tiempo pensando en el trabajo; que, si tiene una cena familiar, lleva la laptop; que está permanentemente pendiente del celular, ahora que pueden enviarse mensajes por los celulares”.
“Es alguien que siente que no puede prescindir del trabajo -define-, pero en realidad con su ocupación busca llenar un vacío interior, y por eso sienten que prescindiendo de su labor no son nadie”. La cuestión se les complica cuando las demás áreas de la vida se desdibujan y comienzan a desaparecer por falta de atención.
Las personas con más propensión a caer en la adicción al trabajo suelen ser inseguras y tener dificultades para relacionarse. La compulsión al trabajo suele ser la forma en que piensan que van a lograr esa identidad deseada, pero que termina sumiéndolos en un pozo sin fondo.
¿Una “nueva” patología?
El target de la adicción al trabajo se da mayormente en personas de 35 a 50 años, y de condición socioeconómica entre media y alta. Para Calabrese, es simplemente un “nuevo ropaje” para una vieja patología: “es lo mismo que en el caso de algunos chicos y jóvenes con su adicción a internet y a las computadoras. No es que las computadoras los hayan vuelto adictos, sino que hay un déficit subyacente de la identidad que se ubica detrás de algo que es socialmente aceptado”.
Desde esa perspectiva, la diferencia esencial entre el adicto a una sustancia y el adicto al trabajo sería el grado de aceptación social que tienen una adicción y otra. La causa que está detrás, la razón de esa necesidad compulsiva de volcarse a alguna forma de adicción, sería, al menos teóricamente, la misma.
Pero si el trabajo no es un invento reciente, ¿por qué aparece recién en estos últimos años como un factor de preocupación para los expertos en adicciones? “El trabajo no es algo nuevo, pero sí han cambiado algunas modalidades”, aclara Calabrese, y el tema amerita un regreso a la cuestión etimológica: la psiquiatra recuerda que la palabra “trabajo” proviene del latín “tripallium“, un instrumento medieval de tres palos con cuyos golpes se “incentivaba” a los esclavos para que hicieran su tarea.
El advenimiento de la era digital, el mundo virtual y la posibilidad de llevarse tan fácilmente sus labores a casa parecen haber hecho lo suyo. La exigencia de maximización de la productividad es sin duda un condicionante sociocultural clave en estas nuevas modalidades patológicas de relación con la ocupación, ahora que no hay esclavos ni azotes físicos. Pero estas condiciones no surten en todos el mismo efecto: son las características personales las que pueden hacer caer a alguien en una adicción.
Hay trabajos y modalidades laborales que también cumplen su papel. Calabrese cita un estudio realizado en Estados Unidos que medía lo que muchas veces los psiquiatras y psicólogos escuchan en sus consultorios: que el momento en que muchos ejecutivos y hombres de negocios elegían para pensar mejor sus problemas laborales eran los momentos de descanso.
De aquí, una de las grandes paradojas que presentan los que son adictos a sus tareas: “a diferencia del trabajador responsable, que es eficiente en su trabajo, el adicto rinde poco, entre otras cosas, porque no tiene las horas de descanso necesarias”.
11 Enero 2008
La anorexia consiste en un trastorno de la conducta alimentaria que supone una pérdida de peso provocada por el propio enfermo y lleva a un estado de inanición. La anorexia se caracteriza por el temor a aumentar de peso, y por una percepción distorsionada y delirante del propio cuerpo que hace que el enfermo se vea gordo aun cuando su peso se encuentra por debajo de lo recomendado. Por ello inicia una disminución progresiva del peso mediante ayunos y la reducción de la ingesta de alimentos.
Normalmente comienza con la eliminación de los hidratos de carbono, ya que existe la falsa creencia de que engordan. A continuación rechaza las grasas, las proteínas e incluso los líquidos, llevando a casos de deshidratación extrema. A estas medidas drásticas se le pueden sumar otras conductas asociadas como la utilización de diuréticos, laxantes, purgas, vómitos provocados o exceso de ejercicio físico. Las personas afectadas pueden perder desde un 15 a un 50 por ciento, en los casos más críticos, de su peso corporal.. Esta enfermedad suele asociarse con alteraciones psicológicas graves que provocan cambios de comportamiento, de la conducta emocional y una estigmatización del cuerpo.
Aunque hay muchos factores socioculturales que pueden desencadenar la anorexia, es probable que una parte de la población tenga una mayor predisposición física a sufrir este trastorno, independientemente de la presión que pueda ejercer el entorno. Por ello existen de factores generales que se asocian a un factor desencadenante o cierta vulnerabilidad biológica, que es lo que precipita el desarrollo de la enfermedad.
Esta patología se caracteriza por una pérdida significativa de peso provocada por el enfermo y por una percepción errónea del propio cuerpo. En consecuencia, los problemas endocrinos se hacen evidentes en un espacio de tiempo relativamente corto. Los principales síntomas que determinan la aparición de la enfermedad son los siguientes:
Pero es la familia la que detecta los síntomas que dan la voz de alarma:
A estos síntomas se le suman otros rasgos típicos como la irritabilidad, la depresión y los trastornos emocionales o de la personalidad. Asimismo, se manifiesta una alteración de la sensación de saciedad y plenitud antes de las comidas, náuseas, hinchazón, o incluso ausencia de sensaciones. En esta patología también se observan numerosos trastornos cognitivos que se centran en los alimentos, el peso corporal y el aspecto físico:
En cuanto a las consecuencias clínicas, los síntomas son los siguientes:
Los objetivos globales del tratamiento son la corrección de la malnutrición y los trastornos psíquicos del paciente. En primer lugar se intenta conseguir un rápido aumento de peso y la recuperación de los hábitos alimenticios, ya que pueden implicar un mayor riesgo de muerte. Pero una recuperación total del peso corporal no es sinónimo de curación. La anorexia es una enfermedad psiquiátrica y debe tratarse como tal. El tratamiento debe basarse en tres aspectos:
El ingreso en un centro médico es necesario cuando:
El tratamiento ambulatorio es eficaz cuando:
De esta manera se inicia el tratamiento con la realimentación, que en ocasiones puede provocar molestias digestivas, ya que el cuerpo no está acostumbrado a ingerir alimentos. Con el tiempo se restablece la situación biológica y vuelve la menstruación. Después comienza el tratamiento psicológico, que intenta reestructurar las ideas racionales, eliminar la percepción errónea del cuerpo, mejorar la autoestima, y desarrollar las habilidades sociales y comunicativas entre el enfermo y su entorno. La familia debe tomar parte de manera activa en el tratamiento porque en ocasiones el factor desencadenante de la enfermedad se encuentra en su seno y, además, la recuperación se prolonga inevitablemente en el hogar.
La edad de inicio de la anorexia se sitúa en la primera adolescencia, en torno a los 12 años, si bien la población más afectada se encuentra entre los 14 y 18. Es más frecuente en las clases sociales media y media-alta. En un 95 por ciento de los casos la anorexia afecta a mujeres jóvenes, aunque en los últimos años se ha producido un aumento en hombres, en mujeres adultas y en niños. Existen colectivos más propensos a sufrir estos trastornos, es el caso de las gimnastas, las bailarinas o las modelos. En la anorexia nerviosa se pueden distinguir dos subtipos:
Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):