MEDICINA PARA TODO EL MUNDO http://daion.lacoctelera.net Vive y deja vivir es-es Cultura salud psicologia medicina http://s3.amazonaws.com/lcp/daion/myfiles/images65x65.jpg MEDICINA PARA TODO EL MUNDO http://daion.lacoctelera.net the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com Neurogenética en funciones cognitivas http://daion.lacoctelera.net/post/2009/12/21/neurogenetica-funciones-cognitivas 2009-12-21T22:39:16+00:00

Se revisan algunos aspectos de Neurobiología y Neurogenética, destacando las posibles relaciones de los estudios del genoma humano con las funciones cognitivas. En la posibilidad de brindar bases genéticas del cognición, se examinan 5 grupos de alteraciones del sistema cognitivo en correlación con la anormalidad genética, su localización, la proteína anormal del gen y la función establecida en la ultraestructura neural: (1) Retardo mental asociado a una monosomia y trisomia; (2) Desórdenes complejos del sistema cognitivo relacionado a un locus genético cuantitativo; (3) Retardo mental sindrómico, producido por mutaciones de genes con tripletes, repetidos y anticipación; (4) Retardo mental no especifico vinculado a una proteína anormal de un gen aislado; (5) Las demencias interrelacionadas con el producto proteico de un gen aislado mapeado en diferentes cromosomas.A propósito de los desórdenes neurogenéticos, se discuten las últimas investigaciones en bioquímicas molecular que revelan nuevos conceptos en las bases anatómicas fisiológicas y genéticas del sistema cognitivo

   

.

 

La neurogenética ha requerido de la neurobiología para estudiar la genética de los mamíferos, basadas en estudios realizados en insectos, nemátodos, peces, anfibios, aves y en huéspedes de otros organismos. La neurogenética o genética molecular, ha tenido en los últimos 30 años un desarrollo extraordinario. Se ha estudiado el programa genético, la localización cromosomica, el secuenciamiento de los genes, la determinación de la función de las proteínas especificas del sistema nervioso, las técnicas de recombinación del DNA, las anormalidades cromosómicas, los aspectos genéticos de las enfermedades hereditarias, los métodos de diagnóstico, el estudio de los modelos animales y la producción de ingeniería genética (Mckusick).

En los últimos 16 años, la decodificación de la secuencia del DNA, representa el experimento biológico más importante, en un programa internacional, denominado proyecto del genoma humano (Evans). El genoma humano está compuesto por 2 billones de nucleótidos de DNA, organizado en los 23 cromosomas, representado un promedio de 60,000 a 70,000 genes con proteínas codificadas. Estos genes, constituyen sólo el 2 - 3% de la secuencia total del DNA, mientras que el 40% de la secuencia no tiene significado conocido y el 58% es DNA no codificante, probablemente responsable de funciones no determinados o regulador de la expresión de los genes en los organismos complejos

Se han identificado 2,000 genes estructurales, regulatorios activos en el sistema nervioso central (SNC), sin embargo existen 100,000 genes de los cuales no tenemos información de su contribución en la función cerebral y en las enfermedades neurológicas. De otro lado, se han encontrado 5,000 enfermedades genéticas, de las cuales solo se conoce la información de la secuencia genética en 1,000.

En este articulo de revisión se tratarán las bases moleculares de las funciones cognitvas

En el proyecto de la regulación de los genes humanos, deberá demostrarse la expresión de los genes neuronales para producir eventos funcionales diferenciados, en circuitos de miles de neuronas que expliquen la información cognitiva y soporten la conducta humana normal.

En el genoma humano, se observan varios tipos de desórdenes genéticos asociados con disturbios cognitivos, los cuales se han relacionado con diversos genes mapeados en los cromosomas; (I). En algunos casos, la anormalidad corresponde a un gen aislado o un desorden cromosomial que resulta usualmente en un retardo mental, (II) En otros casos un gen mapeado y luego potencialmente clonado ha resultado en variaciones de habiIidades intelectuales, tales como, variantes del cuociente intelectual, alteraciones del lenguaje y dislexia, (III) Por último, la investigación de mutaciones en modelos animales (ratones) ha permitido aproximarnos a las operaciones neuronales y sus conexiones para entender algunos procesos cognitivos como el aprendizaje y la memoria, tal es la codificación de la memora espacial en el hipocampo. En consecuencia, los efectos genéticos que determinan la función cognitiva son pleiotropicos (efectos múltiples de un gen o un par de genes) y tal vez, poligénicos (determinados por un número de genes en diferentes locus con pequeños efectos aditivos).

Revisaremos, la taxonomia de J. FLINT (Institute of Molecular Medicine, Oxford, Uk) modificada en este estudio, en 5 grupos de etiologías genéticas bioquímicas (Tabla 1) para reiacionarlas con variante clínicas que afectan las funciones cognitivas.

En el primer grupo, están los pacientes con retardo mental, portadores de una monosomia (falta total o parcial de cromosoma un cromosoma en un par) y trisomia (exceso de un cromosoma). EI síndrome de Williams se caracteriza por una facies característica y un defecto cardiaco (Estenosis aórtica supravalvular y pulmonar periférica); estos niños comparados en los Downs tienen una discrepancia entre cl cuociente intelectual (CI) de performance y cl verbal, tienen habilidades visuoperceptuales disminuidas pero preservadas las sintaxis y lexicales; además, hiperactividad, inadecuada interacción social, hiperacusia y disturbios del sueño. El síndrome de Turner, aunque no presenta retardo mental, las niñas tienen Cl disminuido, habilidades espaciales y matemáticas deficitarias, además, aquellos que derivaron del cromosoma X paterno (diferenciación por técnicas moleculares en cromosomas X materno y paterno), en comparación con las del cromosoma X materno, presentaron el estudio de "cognición social" con puntajes superiores similares a niñas normales. EI síndrome Down, conocido por una facies "mongoloide", retardo mental, anomalías cardiacas y del tubo digestivo, ha sido en los últimos años, estudiado por sus relaciones bioquímicas y clínicas con la Enfermedad de Alzheirner. En su locus 21q tienen una anormal proteína precursora amiloide, el DNA de los telómeros(*) disminuido tempranamente, lo cual caracteriza un estado de envejecimiento prematuro en estos niños, disturbios de la función colinérgica, demencia progresiva con cambios severos de la conducta en pacientes con Síndrome Down después de los 35 años asociados con neuropatologia similar al Alzheimer, en fin, de modo alternativo, familias portadores de síndrome de Down y enfermedad de Alzheimer. Tabla 1

En el segundo grupo, están los pacientes que presentan desórdenes cognitivos complejos tal es cl caso de la dislexia, alteraciones especificas del lenguaje, discrepancia del Cl verbal y no verbal, deficiencia en cl reconocimiento de fonemas en la lectura de "palabras falsas", y aún en palabras simples, sin embargo la medida general de inteligencia no está afectada. Los estudios genéticos confirman la localización del defecto de la lectura en cl cromosoma 6 p21.3, sin embargo cl fenotipo de la lectura de palabras aisladas está asociada a un marcador en el cromosoma 15q y el "tomar conocimiento" de un fonema en el cromosoma 6p . A este grupo, sin localización genética demostrada por constituir desórdenes cognitivos complejos, podría ascribirse la tartamudez y el autismo. En el primero, por MRI volumétrica se han demostrado anomalías anatómicas en las áreas del lenguaje perisilvianas, sin observarse asimetría fisiológica del planum temporal,. En el segundo por MRI funcional y estudios neuropatológicos, las alteraciones en el proceso cognitivo ejecutivo (memoria espacial) se han asociado a disturbios en circuitos -menor activación prefrontales y cingulares posteriores así como a defectos estructurales de las minicolumnas en los lóbulos frontales y temporal es(Casanova, Luna). La tartamudez y el autismo pueden considerarse también desórdenes cognitivos complejos al comprometer h expresión -emisión- del lenguaje en el primero y la comunicación y la interacción social con repertorio restringido de actividades e intereses en el segundo Aunque la tartamudez y el autismo no están directamente en relación con material genético, debe recordarse que ambos tienen comorbilidad genética con el síndrome de ADHD, Tourette y el desorden obsesivo compulsivo mediante los receptores de dopamina (DA 2)

En el tercer grupo, se presenta los pacientes o retardo mental sindrómico, tomando como arquetipo el síndrome de X frágil, caracterizando desde 199 por un fenómeno de expansión que repite un trinucleotido un número anormal de veces en un locus del brazo largo del cromosoma X (mutación de un gen aislado). En este síndrome, descrito por ESCALANTE por primera vez en el Perú (1985), aparece un niño con orejas grandes y alargadas "Tipo Dumbo" cara alargada, prognatismo, macrocefalia, conducta hiperactiva, retardo del lenguaje, y algunos rasgos autistas. Tienen macroorquidismo. Post puberal. Una proporción de ellos tiene epilepsia. Las niflas exhiben retardo mental leve con problemas de aprendizaje y conducta, déficit de aprendizaje social y menopausia precoz. La mutación del gen FMR, determina la ausencia de la proteína FMRP que se encuentra en la mayoría de las neuronas y probablemente controla cl producto de otros genes, sin embargo, no se conoce la relación entre su ausencia y el déficit cognitivo.

En el cuarto grupo, se toma en cuenta, los pacientes con retardo mental no especifico que pertenecen a varios grupos familiares en los cuales, se identifican genes aislados cuyas mutaciones se manifiestan en los "productos" bioquímicos que determinan ruptura de las conexiones axonales, deficiencia en el desarrollo cortical y alteraciones en la liberación de neurotrasmisores sinapticos, todo lo cual, afecta las neuronas comprometidas en los sistemas cognitivos. La cantidad de estos genes están en el cromosoma X, determinando retardo mental ligado a X (XLMR). Entre los productos anormales del gen en cl cromosoma Xq está la oligofrenina que codifica la proteína rhoGAP que estimula actividad intrínseca GT Pase de las pequeñas proteínas G tales corno Rho, Rac, y Cdc42, las cuales intervienen en la formación de las dendritas y laminación cortical.

Es interesante señalar la correlación genética en familias con XLMR que afecta fundamental mente al sexo masculino y el síndrome del RETT, desorden neurológico progresivo que afecta exclusivamente al sexo femenino. En 1999 (AMIRRE) se describieron mutaciones en la proteína 2 unida al metil CpG (MECP 2 ) en un gen mapeado sobre el cromosoma X q28 en pacientes portadores de sindrome de RETT. En cl 25% de mujeres con clAsico RETT no se encontraron mutaciones MECP2 sin embargo, rara vez mutaciones MECP2 han sido descritas en mujeres sin cl fenotipo clásico, De otro lado, las mutaciones del MECP2 en hombres resultaron en una sobrevivencia no mayor de 1 año o se consideraron letales. DOTTI ha reportado 6 miembros de-una familia italiana con portadores de retardo mental ligado al cromosoma X (XLMR), los cuales presentaron un tipo de mutación A 170V del gen MEC P2. El estudio clínico demostró que la alteración neurológica lenta y progresiva fue más severa en los hombres que en las mujeres sin embargo, en esta familia las mutaciones de MEC P2 no fueron siempre letales en el sexo masculino.

En el quinto grupo, se presentan los desórdenes neurodegenerativos que incluyen las demencias cortical y subcortical determinadas por genes anormales, sea por mutación o división. En estos desórdenes cognitivos cl gen aislado mutante tiene un producto bioquímico que deteriora la función neural a nivel del flujo axoplásmico, en las proteínas precursoras y en la expresión de múItiples neurotrasmisores, todo lo cual, vía apoptosis resulta en la muerte neuronal. La mutación anormal de un gen del cromosoma 21q, determina lesiones sinápticas asociadas al disturbio de la ALFA sinucleina (proteína importante en las plasticidad neuronal) precursora del componente amiloide (NACP) de las placas neuríticas que se presentan en el cerebro de la demencia tipo Alzheirner y en los cuerpos de Lewy de la enfermedad de Parkinson familiar. La alfa sinucleina es similar a la synelfina, una proteína localizada en el cerebro de una variedad de canario trinador ("Zebra Finch") que es responsable de la maduración, "memorias" y "vocalización" del trino de canario macho.

La mutación anormal de gen de un ge cromosoma 14q está asociada a la perturbación de la presenilina 1 localizada en la región postsinaptica indispensable en la embriogénesis normal del sistema nervioso central y en el transporte de la apolipoproteina (APP). Aunque el envejecirniento es un factor de riesgo en el desarrollo de la enfermedad de Alzlielmer, en cl caso del disturbio de las presenilinas el proceso demencial aparece en pacientes jóvenes y se hereda en forma dominante. Es posible que un grupo significativo de familias -alrededor de 4,000 personas fueron portadores y desarrollaron esta enfermedad en varios pueblos de Antioquia (Medellin, Colombia). Justamente, en uno de ellos, Yarumal, la observación de un literato visitante Gabriel García Márquez-trasladó a la ficción la historia de la familia de Aureliano Buendia en "Macondo" y escribió "Cien años de Soledad" (BETETA).

Las mutaciones que comprometen el gen de la proteína TAU en el cromosoma 17q son responsables de muerte neuronal en la patología molecular. EI cuadro clínico comienza con cambios del carácter y disturbios de la personalidad y progresivamente se desarrolla la declinación del proceso cognitivo en la demencia fronto temporal (atrofia de Pick) asociada a Parkinsonisrno. En este caso, el disturbio del proceso cognitivo secundario al proceso bioquímico patológico no sólo compromete las funciones cognitivas, también la personalidad y el control del movimiento automático todo lo cual implica diferentes vías y sistemas neuronales.

Por último, en este grupo la mutación del gen de la Huntingtina en el cromosoma 4p determina la enfermedad de Huntington, desorden autosómico dominante que origina un disturbio neurodegenerativo progresivo caracterizado clínicamente por declinación de las funciones cognitivas y un cuadro severo de movimientos involuntarios asociado a trastornos del tono muscular. EI proceso genético exhibe repeticiones de trinucleótido (CAG) de modo inestable encontrándose el fenómeno de anticipación (triplete que se amplifica de modo progresivo en un modelo no mendeliano, por el cual cl inicio del cuadro clínico es cada vez más precoz y más grave) especialmente en la transmisión padre-hijo, La deficiencia de las funciones cognitivas no tienen una clara explicación, sin embargo, la observación de inclusiones intranucleares intraneurales de Huntingtina en estructuras subcorticales y cl disturbio en la expresión de múltiples neurotransmisores (por el análisis del ratón transgénico) podría originar severos defectos en las redes neuronales córticosubcorticales que subtienden sistemas cognitivos y circuitos fronto-estrio-mesolimbicos.

Al final de esta revisión de neurogenética en funciones cognitivas, se han discutido desórdenes genéticos responsables de variantes de retardo mental. Desórdenes cognitivos complejos y variadas formas de demencia. Desde el punto de vista clínico, el cognición ha sido representado por deficiencia de la inteligencia disturbios de lenguaje, déficit de la memoria, alteraciones de conducta y desórdenes de la personalidad. Es muy difícil buscar unidad clínica y el término cognición se ha referido a sistemas cognitivos-intelectuales. En la práctica clínica, los desórdenes pertenecen a la neuropsiquiatria y justamente los estudios genéticos demuestran la interrelación no sólo en la genealogía de estos pacientes (esquizofrénicos con familiares portadores de retardo mental y algún tipo de demencia) sino en las variantes muy cercanas del cuadro clínico enfermedad.

La genética clínica aproxima mucho la demencia, la enfermedad bipolar y la esquizofrenia. GRAF y Col. han estudiado el síndrome de deleción (pérdida en una parte del cromosoma) en el cromosoma 22q 11.2, en el cual se pierden mAs de 30 genes, uno de los cuales es cl gen de la Catecol-0-metiltransferasa (COMT), enzima que inactiva por 0-metilación los neurotrasmisores catecolaminas (DA, EP y NE). Las manifestaciones clínicas incluyen moderadas alteraciones de la atención, concentración, interacción de funciones socialesemocionales sin embargo, algunos niños y adolescentes presentan marcada ansiedad, terrores nocturnos, variaciones del temperamento, desorden obsesivo -compulsivo, desorden bipolary un cuadro alucinatorio. El cuadro clínico incluye numerosas alteraciones estructurales (sindrome velocardiofacial, de DIGEORGE), problemas de aprendizaje tipo síndrome de ADHD y pobre socialización en la niñez, depresión en la pubertad, esquizofrenia y desorden bipolar en la adultez. Los avances en genética molecular en la proximidad de este defecto en 22q 11.2 han demostrado un desorden bipolar asociado a catatonia en un eslabonamiento de mutación en el cromosoma 22q13 y cuadros de esquizofrenia catatónica en mutaciones de genes en los cromosomas 22q 10, 22q 13.33 y 15q 15.

Los últimos estudios de ligamiento eslabonamiento genético entre la enfermedad de Alzheimer y la Psicosis, han sido presentados por BACANU basados en la incidencia de 40-60% de alucinaciones y delusiones en los pacientes con enfermedad de Alzheimer de comienzo tardío. El análisis de eslabonamiento de las familias con Alzheimer tardío y la psicosis es sugestivo de una "ligazón" etiológica. Los estudios de "ligamento o ligazón" del genoma, en el Instituto Nacional de Salud Mental de Pacientes con enfermedad de Alzheirner, han demostrado que los pacientes con psicosis y demencia presentan "ligazón" en locus de 3 cromosomas 2, 6 y 2 1. Todo lo cual sugiere que los estudios que relacionan Alzheimer tardío y cuadros de psicosis, deben continuar, para demostrar definitivamente la interrelación genética entre la demencia de Alzheimer y la psicosis esquizofrenica. El estudio de las variantes genéticas que determinan disturbios de los sistemas cognitivos es interesante porque descubre nuevas aproximaciones de bioquímica molecular en la interpretación de las enfermedades neuropsiquiatricas, sin embargo, estamos lejos todavía para establecer las bases genéticas de las funciones cognitivas. Los estudios de mutaciones conseguidas mediante ingeniería genética en ratones para descubrir modelos de aprendizaje y memoria, así como la investigación del material genético en los miembros de familias portadoras de disturbios cognitivos puede seguir siendo de gran utilidad. De todos modos, la ciencia sigue avanzando y los clínicos seguimos aprendiendo y descubriendo muchos misterios de la neurobiología.

]]>
http://daion.lacoctelera.net/post/2009/12/21/neurogenetica-funciones-cognitivas#comentarios
19 de octubre. Día mundial del dolor 2009. http://daion.lacoctelera.net/post/2009/10/20/19-octubre-dia-mundial-del-dolor-2009 2009-10-20T10:38:14+00:00

ENTREVISTA a el Dr. Juan Antonio Pareja

Servicio de Neurología del Hospital Quirón en Madrid

Pregunta. Veremos en la entrevista que el campo de las cefaleas está experimentando un rápido desarrollo en sus distintos ámbitos. En esta dirección, Ravishankar afirmaba recientemente que la medicina de las cefaleas es una ‘subespecialidad' de la Neurología de crecimiento rápido. ¿Suscribiría esta afirmación?

Respuesta. La prevalencia de las cefaleas es tan alta que constituyen la primera causa de consulta neurológica y, por tanto, es natural que el estudio del dolor craneal y facial se configure como una subespecialidad de la Neurología. Por otra parte, debemos admitir que los avances más importantes en el conocimiento de las cefaleas proceden de los centros donde se han implantado unidades especializadas y se ha reconocido a sus miembros una dedicación monográfica a las cefaleas. P. Desde el punto de vista de la fisiopatología, es creciente la convicción de que la migraña no debe considerarse un trastorno vascular o neurovascular sino una patología mediada por el sistema nervioso central. ¿Cree que está suficientemente sustentado este cambio en la conceptualización? R. Creo que esa afirmación es cierta pero no contiene toda la verdad. Es probable que el impulso inicial o la modulación del proceso sean generados centralmente pero la expresión es periférica. El síntoma fundamental de la migraña es el dolor y su desarrollo es meníngeo y vascular. P. Va ganando fuerza el concepto de que puede tratarse de un mecanismo de hipersensibilización periférica tal que la fase de cefalea se iniciaría con la activación de nociceptores periféricos procedentes de vasos intra- y extracraneales. ¿Le convence esta hipótesis?, ¿qué papel jugaría el aura en ella? Porque en este marco, la migraña podría ser explicada como un caso particular de dolor crónico tal vez no diferente a la fibromialgia. R. Conceptualmente, la migraña es un dolor visceral. Las vísceras no huecas, es decir, sin contacto con el exterior, no disponen de nociceptores. Los nociceptores viscerales se han desarrollado en vísceras conectadas con el exterior y, por tanto, necesitadas de la defensa que supone la nocicepción. El dolor de las vísceras no huecas es en parte mediado por nociceptores situados en la cápsula o envoltura conectiva del órgano, por ejemplo, la pleura en el caso del pulmón y las meninges, en el del cerebro. Ese tipo de dolor es parietal, periférico y en el cerebro se origina, efectivamente, en nociceptores vasculares y meníngeos.

El aura es definitivamente un proceso central, cortical, cerebral. La interconexión y, sobre todo, la secuencia temporal del fenómeno aura-dolor no es bien conocida. Aunque el dolor suele suceder al aura, no se ha demostrado todavía que el aura provoque el dolor.

La migraña y la fibromialgia son procesos de naturaleza desconocida y, por tanto, descriptivos; es decir, son síndromes basados en sus características clínicas. Los síndromes descriptivos consisten en los signos y síntomas observables que permiten su reconocimiento y diferenciación de otros cuadros parecidos. Nominalmente, la migraña y la fibromialgia son distintas. P. Establecer paralelismos con la fibromialgia puede parecer superficial pero es un hecho que se ha descrito la generalización del dolor mecánico en el tejido nervioso en pacientes con migraña unilateral estricta y la extensión de la sensibilidad al dolor en pacientes con síndrome del túnel del carpo. ¿Puede que se deba esperar una explicación unificada de los dolores centrales y crónicos? R. La hipersensibilidad, es un mecanismo defensivo que evita la exposición o el contacto del tejido afecto con el agente nocivo mientras dura la recuperación funcional o la reparación. Sin embargo, puede persistir ante estímulos frecuentes y/o intensos. En esos casos se producen cambios patológicos en el sistema nervioso que provocan la persistencia del dolor (cronificación), disminución del umbral (alodinia) y respuesta a los estímulos aumentada (hiperalgesia). Además, la hipersensibilidad central puede ampliar el área inicialmente sintomática.

La hipersensibilidad es un fenómeno inespecífico que puede desarrollarse como evolución de cualquier dolor. La migraña, el síndrome del túnel del carpo y, quizás, la fibromialgia comparten el posible desarrollo de sensibilización central y periférica, pero también comparten otras características inespecíficas del dolor como el predominio femenino o el patrón temporal, que no justifican una explicación unificada. P. En cualquier caso, la hipótesis de la activación de nociceptores periféricos daría sustento a la eficacia de la toxina botulínica administrada subcutáneamente (y recién aprobada por la FDA). ¿Lo cree así? R. La modulación del dolor desde la periferia es un hecho conocido desde hace mucho tiempo. Es posible modificar un dolor mediante interferencia sensitiva o contraestimulación de receptores periféricos. La inactivación de puntos trigger miofasciales, de estímulos nociceptivos periféricos o de nervios periféricos ha mostrado su efectividad para mejorar la migraña. Los procedimientos para contrarrestar estos posibles factores periféricos han sido aplicados in situ: anestesia local, infiltración local con corticoides, punción seca e inyección de toxina botulínica. La toxina botulínica bloquea el impulso nervioso en nervios sensitivos periféricos. Por tanto, es potencialmente útil para atenuar el contingente nociceptivo periférico cefálico y, en consecuencia, modular el dolor. Sin embargo, la selección de los puntos de aplicación no ha sido suficientemente argumentada. P. En todo caso, la terapia está dominada por los triptanes aunque hay expectativas en relación con los gepantes. ¿Cuál es su punto de vista en relación con el espacio en el arsenal para ambos grupos terapéuticos? R. El péptido relacionado con el gen de la calcitonina (CGRP) está implicado decisivamente en la fisiopatología de la migraña. Los gepantes son antagonistas del CGRP y parecen tener una eficacia similar a los triptanes, pero están desprovistos de efectos vasoconstrictores. Los triptanes son excelente fármacos abortivos del ataque migrañoso y sus principales contraindicaciones derivan precisamente de sus efectos vasopresores. Los gepantes, a igualdad de eficacia, complementarán a los triptanes, no solo en los pacientes con patología vascular local o sistémica, sino en los migrañosos que muestran intolerancia o respuesta insatisfactoria a los triptanes. P. Por otro lado, se han publicado recientemente resultados interesantes del Tonabersat, bloqueante de las uniones de tipo gap, mostrando que tiene efecto preventivo de las migrañas con aura pero no de las que no vienen precedidas por ella. Estos datos parecen favorecer la idea de que el aura viene asociada al fenómeno de la cortical spreading depression (CSD). ¿Lo interpreta así? R. Las uniones intercelulares entre neuronas y glía son importantes en la génesis de la depresión cortical propagada, fenómeno que se cree sustenta el aura migrañosa. La depresión cortical propagada depende de la comunicación intercelular neuronoglial, que es mediada en parte por transferencia de mensajeros a través de conexinas de las uniones intercelulares. Tonabersat es un inhibidor de la comunicación intercelular neurona-glía y se estima que bloquea el proceso del aura migrañosa. Este efecto farmacológico se sustenta en la hipótesis de que el aura migrañosa es consecuencia de una depresión cortical propagada. P. A pesar de las limitaciones terapéuticas, las moléculas del tipo del Tonabersat podrían resultar de interés si se confirma la asociación entre migrañas con aura y patología vascular cerebelar en la mujer. ¿Considera que es una asociación fundamentada? R. Hay que tener en cuanta que la migraña con aura se caracteriza por una frecuencia muy baja de ataques y que, en general, no requiere de un tratamiento preventivo. Además, la patología vascular cerebral relacionada con la migraña es muy rara. Si se confirmase la eficacia preventiva del Tonabersat en la migraña con aura, podría estar justificada la prevención en casos seleccionados y muy bien documentados. Sin embargo, los ensayos realizados con Tonabersat como preventivo de la migraña no son, por el momento, suficientemente convincentes y, actualmente, los datos deben considerarse preliminares. P. Cambiando al terreno del diagnóstico, le preguntaría sobre el hecho de que la neuroimagen esté resultando de alto interés a efectos de conocimiento de la fisiopatología. ¿A qué extremo se estima su uso clínico rutinario? R. Las técnicas de neuroimagen que han proporcionado conocimiento fisiopatológico son la resonancia magnética funcional y el PET, aplicados en condiciones experimentales relativamente complejas que no pueden, en general, disponerse en la práctica clínica habitual. Desde el punto de vista clínico, los equipos de neuroimagen convencional son suficientes para la práctica totalidad de los requerimientos diagnósticos en cefaleas. La utilidad de la neuroimagen se centra en descartar un proceso estructural intracraneal cuando se sospecha una cefalea secundaria o cuando se quiere confirmar el diagnóstico de una cefalea primaria. La neuroimagen convencional es normal en las cefaleas primarias y, por tanto, no influye en las decisiones diagnósticas y terapéuticas. P. En el terreno de la práctica cotidiana es difícil evitar la pregunta de si el afinamiento diagnóstico tiene demasiado sentido cuando las opciones terapéuticas son limitadas. R. La precisión diagnóstica es fundamental, no ya desde el punto de vista formal del conocimiento, sino para proporcionar casos puros a la investigación. Nunca podrían realizarse avances terapéuticos si no existiesen diagnósticos precisos. Imagínese que estamos investigando un nuevo fármaco antimigrañoso en un grupo de pacientes heterogéneo con un diagnóstico dudoso de migraña. Sería un esfuerzo inútil. La investigación clínica debe basarse en diagnósticos sólidos y, en este sentido, lo que puede diferenciarse debe diferenciarse porque, probablemente, es distinto. P. Para terminar, y en otro orden de cosas, me gustaría saber su opinión sobre la participación española en ensayos clínicos sobre migraña. Nuestro sistema de asistencia universal, la informatización y la alta prevalencia de la enfermedad deberían hacer al caso español óptimo para el reclutamiento de pacientes ¿es así? En caso negativo, ¿a qué atribuye las causas? R. El sistema sanitario español es excelente y el nivel de nuestro país en cefaleas es muy alto, de los mejores. Disponemos de numerosos especialistas de alto nivel y de hospitales que reúnen las mejores condiciones para realizar ensayos clínicos. Desde hace años, los especialistas españoles participan en la mayoría de ensayos clínicos en migraña y me consta que el grado de satisfacción de los promotores es óptimo. Prof. Dr. Juan V. Sánchez-Andrés ]]> http://daion.lacoctelera.net/post/2009/10/20/19-octubre-dia-mundial-del-dolor-2009#comentarios Entrevista al Dr. Juan Antonio Pareja con motivo del Día Mundial contra el Dolor, 2009 http://daion.lacoctelera.net/post/2009/10/20/entrevista-al-dr-juan-antonio-pareja-con-motivo-del-dia-mundial 2009-10-20T10:35:01+00:00

Pregunta. Veremos en la entrevista que el campo de las cefaleas está experimentando un rápido desarrollo en sus distintos ámbitos. En esta dirección, Ravishankar afirmaba recientemente que la medicina de las cefaleas es una ‘subespecialidad' de la Neurología de crecimiento rápido. ¿Suscribiría esta afirmación?

Respuesta. La prevalencia de las cefaleas es tan alta que constituyen la primera causa de consulta neurológica y, por tanto, es natural que el estudio del dolor craneal y facial se configure como una subespecialidad de la Neurología. Por otra parte, debemos admitir que los avances más importantes en el conocimiento de las cefaleas proceden de los centros donde se han implantado unidades especializadas y se ha reconocido a sus miembros una dedicación monográfica a las cefaleas.
P. Desde el punto de vista de la fisiopatología, es creciente la convicción de que la migraña no debe considerarse un trastorno vascular o neurovascular sino una patología mediada por el sistema nervioso central. ¿Cree que está suficientemente sustentado este cambio en la conceptualización?
R. Creo que esa afirmación es cierta pero no contiene toda la verdad. Es probable que el impulso inicial o la modulación del proceso sean generados centralmente pero la expresión es periférica. El síntoma fundamental de la migraña es el dolor y su desarrollo es meníngeo y vascular.
P. Va ganando fuerza el concepto de que puede tratarse de un mecanismo de hipersensibilización periférica tal que la fase de cefalea se iniciaría con la activación de nociceptores periféricos procedentes de vasos intra- y extracraneales. ¿Le convence esta hipótesis?, ¿qué papel jugaría el aura en ella? Porque en este marco, la migraña podría ser explicada como un caso particular de dolor crónico tal vez no diferente a la fibromialgia.
R. Conceptualmente, la migraña es un dolor visceral. Las vísceras no huecas, es decir, sin contacto con el exterior, no disponen de nociceptores. Los nociceptores viscerales se han desarrollado en vísceras conectadas con el exterior y, por tanto, necesitadas de la defensa que supone la nocicepción. El dolor de las vísceras no huecas es en parte mediado por nociceptores situados en la cápsula o envoltura conectiva del órgano, por ejemplo, la pleura en el caso del pulmón y las meninges, en el del cerebro. Ese tipo de dolor es parietal, periférico y en el cerebro se origina, efectivamente, en nociceptores vasculares y meníngeos.

El aura es definitivamente un proceso central, cortical, cerebral. La interconexión y, sobre todo, la secuencia temporal del fenómeno aura-dolor no es bien conocida. Aunque el dolor suele suceder al aura, no se ha demostrado todavía que el aura provoque el dolor.

La migraña y la fibromialgia son procesos de naturaleza desconocida y, por tanto, descriptivos; es decir, son síndromes basados en sus características clínicas. Los síndromes descriptivos consisten en los signos y síntomas observables que permiten su reconocimiento y diferenciación de otros cuadros parecidos. Nominalmente, la migraña y la fibromialgia son distintas.

P. Establecer paralelismos con la fibromialgia puede parecer superficial pero es un hecho que se ha descrito la generalización del dolor mecánico en el tejido nervioso en pacientes con migraña unilateral estricta y la extensión de la sensibilidad al dolor en pacientes con síndrome del túnel del carpo. ¿Puede que se deba esperar una explicación unificada de los dolores centrales y crónicos?
R. La hipersensibilidad, es un mecanismo defensivo que evita la exposición o el contacto del tejido afecto con el agente nocivo mientras dura la recuperación funcional o la reparación. Sin embargo, puede persistir ante estímulos frecuentes y/o intensos. En esos casos se producen cambios patológicos en el sistema nervioso que provocan la persistencia del dolor (cronificación), disminución del umbral (alodinia) y respuesta a los estímulos aumentada (hiperalgesia). Además, la hipersensibilidad central puede ampliar el área inicialmente sintomática.

La hipersensibilidad es un fenómeno inespecífico que puede desarrollarse como evolución de cualquier dolor. La migraña, el síndrome del túnel del carpo y, quizás, la fibromialgia comparten el posible desarrollo de sensibilización central y periférica, pero también comparten otras características inespecíficas del dolor como el predominio femenino o el patrón temporal, que no justifican una explicación unificada.

P. En cualquier caso, la hipótesis de la activación de nociceptores periféricos daría sustento a la eficacia de la toxina botulínica administrada subcutáneamente (y recién aprobada por la FDA). ¿Lo cree así?
R. La modulación del dolor desde la periferia es un hecho conocido desde hace mucho tiempo. Es posible modificar un dolor mediante interferencia sensitiva o contraestimulación de receptores periféricos. La inactivación de puntos trigger miofasciales, de estímulos nociceptivos periféricos o de nervios periféricos ha mostrado su efectividad para mejorar la migraña. Los procedimientos para contrarrestar estos posibles factores periféricos han sido aplicados in situ: anestesia local, infiltración local con corticoides, punción seca e inyección de toxina botulínica. La toxina botulínica bloquea el impulso nervioso en nervios sensitivos periféricos. Por tanto, es potencialmente útil para atenuar el contingente nociceptivo periférico cefálico y, en consecuencia, modular el dolor. Sin embargo, la selección de los puntos de aplicación no ha sido suficientemente argumentada.
P. En todo caso, la terapia está dominada por los triptanes aunque hay expectativas en relación con los gepantes. ¿Cuál es su punto de vista en relación con el espacio en el arsenal para ambos grupos terapéuticos?
R. El péptido relacionado con el gen de la calcitonina (CGRP) está implicado decisivamente en la fisiopatología de la migraña. Los gepantes son antagonistas del CGRP y parecen tener una eficacia similar a los triptanes, pero están desprovistos de efectos vasoconstrictores. Los triptanes son excelente fármacos abortivos del ataque migrañoso y sus principales contraindicaciones derivan precisamente de sus efectos vasopresores. Los gepantes, a igualdad de eficacia, complementarán a los triptanes, no solo en los pacientes con patología vascular local o sistémica, sino en los migrañosos que muestran intolerancia o respuesta insatisfactoria a los triptanes.
P. Por otro lado, se han publicado recientemente resultados interesantes del Tonabersat, bloqueante de las uniones de tipo gap, mostrando que tiene efecto preventivo de las migrañas con aura pero no de las que no vienen precedidas por ella. Estos datos parecen favorecer la idea de que el aura viene asociada al fenómeno de la cortical spreading depression (CSD). ¿Lo interpreta así?
R. Las uniones intercelulares entre neuronas y glía son importantes en la génesis de la depresión cortical propagada, fenómeno que se cree sustenta el aura migrañosa. La depresión cortical propagada depende de la comunicación intercelular neuronoglial, que es mediada en parte por transferencia de mensajeros a través de conexinas de las uniones intercelulares. Tonabersat es un inhibidor de la comunicación intercelular neurona-glía y se estima que bloquea el proceso del aura migrañosa. Este efecto farmacológico se sustenta en la hipótesis de que el aura migrañosa es consecuencia de una depresión cortical propagada.
P. A pesar de las limitaciones terapéuticas, las moléculas del tipo del Tonabersat podrían resultar de interés si se confirma la asociación entre migrañas con aura y patología vascular cerebelar en la mujer. ¿Considera que es una asociación fundamentada?
R. Hay que tener en cuanta que la migraña con aura se caracteriza por una frecuencia muy baja de ataques y que, en general, no requiere de un tratamiento preventivo. Además, la patología vascular cerebral relacionada con la migraña es muy rara. Si se confirmase la eficacia preventiva del Tonabersat en la migraña con aura, podría estar justificada la prevención en casos seleccionados y muy bien documentados. Sin embargo, los ensayos realizados con Tonabersat como preventivo de la migraña no son, por el momento, suficientemente convincentes y, actualmente, los datos deben considerarse preliminares.
P. Cambiando al terreno del diagnóstico, le preguntaría sobre el hecho de que la neuroimagen esté resultando de alto interés a efectos de conocimiento de la fisiopatología. ¿A qué extremo se estima su uso clínico rutinario?
R. Las técnicas de neuroimagen que han proporcionado conocimiento fisiopatológico son la resonancia magnética funcional y el PET, aplicados en condiciones experimentales relativamente complejas que no pueden, en general, disponerse en la práctica clínica habitual. Desde el punto de vista clínico, los equipos de neuroimagen convencional son suficientes para la práctica totalidad de los requerimientos diagnósticos en cefaleas. La utilidad de la neuroimagen se centra en descartar un proceso estructural intracraneal cuando se sospecha una cefalea secundaria o cuando se quiere confirmar el diagnóstico de una cefalea primaria. La neuroimagen convencional es normal en las cefaleas primarias y, por tanto, no influye en las decisiones diagnósticas y terapéuticas.
P. En el terreno de la práctica cotidiana es difícil evitar la pregunta de si el afinamiento diagnóstico tiene demasiado sentido cuando las opciones terapéuticas son limitadas.
R. La precisión diagnóstica es fundamental, no ya desde el punto de vista formal del conocimiento, sino para proporcionar casos puros a la investigación. Nunca podrían realizarse avances terapéuticos si no existiesen diagnósticos precisos. Imagínese que estamos investigando un nuevo fármaco antimigrañoso en un grupo de pacientes heterogéneo con un diagnóstico dudoso de migraña. Sería un esfuerzo inútil. La investigación clínica debe basarse en diagnósticos sólidos y, en este sentido, lo que puede diferenciarse debe diferenciarse porque, probablemente, es distinto.
P. Para terminar, y en otro orden de cosas, me gustaría saber su opinión sobre la participación española en ensayos clínicos sobre migraña. Nuestro sistema de asistencia universal, la informatización y la alta prevalencia de la enfermedad deberían hacer al caso español óptimo para el reclutamiento de pacientes ¿es así? En caso negativo, ¿a qué atribuye las causas?

R. El sistema sanitario español es excelente y el nivel de nuestro país en cefaleas es muy alto, de los mejores. Disponemos de numerosos especialistas de alto nivel y de hospitales que reúnen las mejores condiciones para realizar ensayos clínicos. Desde hace años, los especialistas españoles participan en la mayoría de ensayos clínicos en migraña y me consta que el grado de satisfacción de los promotores es óptimo.

Dr. Juan Antonio Pareja

Servicio de Neurología del Hospital Quirón en Madrid.

 

]]>
http://daion.lacoctelera.net/post/2009/10/20/entrevista-al-dr-juan-antonio-pareja-con-motivo-del-dia-mundial#comentarios
EXCESO DE PURINES http://daion.lacoctelera.net/post/2009/10/14/exceso-purines 2009-10-14T01:10:18+00:00 GENTE (La Vanguardia) Martes, 22 de septiembre del 2009Barcelona

ANTONIO CERRILLO

 

La contaminación por nitratos de las aguas subterráneas en Catalunya se ha incrementado los últimos cinco años. Por esta razón, el Gobierno catalán se ha visto obligado a ampliar las zonas vulnerables a los nitratos, una denominación técnica que señala las áreas en las que se debe combatir el problema para evitar que las aguas no potables lleguen a los usuarios y causen un problema de salud.

El problema tiene como origen sobre todo una aplicación excesiva de purines en los campos agrícolas -donde son usados como fertilizantes- o un vertido incontrolado. El uso desmesurado o incorrecto de los excrementos provoca la filtración de nitratos en los suelos hasta acabar contaminando los cursos de aguas. La OMS no permite que el agua potable supere los 50 miligramos de nitratos por litro, una cifra que se rebasa en ocasiones en estas áreas. La contaminación del suelo por nitratos mantiene vivo un expediente abierto por la Comisión Europea contra España (en concreto, contra Catalunya y otras comunidades autónomas).

La Generalitat ha acordado designar tres nuevas zonas vulnerables (contaminadas), que se sumarán a las nueve ya existentes.El acuerdo, adoptado a finales de julio, incorpora 116 nuevos municipios a la lista existente, de manera que en total la integran 421 localidades: el 40% del territorio de Catalunya. Este es el tercer decreto que ha aprobado la Generalitat para combatir este problema -los anteriores datan de 1998 y del 2004-.

El Govern amplía las zonas vulnerables a los purines a 421 municipios, que suponen un 40% del territorio catalán

La UE mantiene abierto un expediente de infracción por la contaminación que causan los nitratos en las aguas subterráneas

 

Hasta ahora, las zonas contaminadas por nitratos se situaban básicamente en torno al Empordà, el Maresme, el Vallès Occidental, el Camp de Tarragona, la Plana de Vic y comarcas de Lleida. Con la nueva regulación no sólo aumenta el perímetro de algunas zonas (en Osona, por ejemplo, hacia el Lluçanès), sino que además se crean nuevas áreas de actuación en la Catalunya Central (Bages, Montsià/Baix Ebre.

La contaminación por nitratos filtrados por los purines afecta a las comarcas con mayor implantación de la industria porcina aunque buena parte de la situación se debe también a fertilizantes químicos y al empleo de otros desechos ganaderos (avícolas, ovinos y bovinos).

Lo más llamativo es que la contaminación del subsuelo aumenta. El 57% de los puntos de muestreo analizados en el 2007 experimentaban un incremento de nitratos respecto al 2003, mientras que otro 37% de estos puntos presenta una disminución (el resto no arroja tendencias claras). Así lo indican los análisis de las estaciones de control de la Agència Catalana de l'Aigua (ACA). Asimismo, el 50% de las estaciones de control en las zonas vulnerables arrojan concentraciones de nitratos superiores a los 40 miligramos por litro. El Maresme, el área de Urgell/Pla de l'Urgell, el Vallès Oriental y Osona son las zonas en donde se superan de media los 50 miligramos por litro que impone la OMS para el consumo humano como tope.

Esta situación actual complica las posibilidades de que Catalunya recupere sus acuíferos. En octubre del 2007, la UE abrió un procedimiento de infracción contra Catalunya (tras recibir los últimos datos de los informes periódicos que envía la Generalitat). Y a principios de este año, la Comisión Europea envió una carta de emplazamiento -segundo paso del expediente europeo- para que España aclare como solucionará el problema. Por esta razón, a finales del año pasado, visitaron Catalunya funcionarios comunitarios, quienes estudiaron la situación sobre el terreno.

Fuentes de la Agència Catalana de l'Aigua (ACA) confían, no obstante, en que el expediente pueda cerrarse, puesto que el gobierno autónomo mejorará el control de los acuíferos (en la línea de lo solicitado por la UE) y se han ampliado las zonas vulnerables. Éstas eran las principales exigencias de los inspectores europeos.

MAYORES RESTRICCIONES

Los ganaderos han de reducir la aplicación de nitratos usados como fertilizantes

POSTURA MODERADA

El Govern confía en un uso racional de los purines usados como fertilizantes agrícolas

ÚLTIMOS ANÁLISIS OFICIALES

El 57% de los puntos de control aumenta el nivel de nitratos respecto al 2003 Nitratos: crece la mancha bajo la tierra El exceso de fertilización con purines contamina algunas zonas

EXCEDENTE DE PURINES EL DEBATE SOBRE LA GESTIÓN DE LOS DESECHOS DE LA INDUSTRIA DEL SECTOR PORCINO EN ZONAS VULNERABLES

Desde el 2004 se han abierto 56 nuevas granjas y ampliado

Además, se espera que se tengan en cuenta las medidas que se están adoptando para racionalizar la fertilización en los campos. Las mismas fuentes del ACA destacan los resultados esperanzadores que se están cosechando por primera vez en los acuíferos del Empordà gracias a la aportación de iniciativas como las de la fundación Mas Badia, una escuela de capacitación agraria.

Para combatir la contaminación por purines, el gobierno tripartito ha evitado las soluciones radicales, como fijar una moratoria a la creación de nuevas granjas de cerdos en las zonas contaminadas (como impulsó el último gobierno de CiU). El Ejecutivo autonómico ha optado por una actitud prudente y fía la recuperación de los acuíferos en una fertilización más racional de los campos y en la extensión de marcha de buenas prácticas agrícolas.De esta manera, la descontaminación depende en gran parte de la buena gestión de los purines usados como fertilizantes.

Los portavoces del Govern sostienen que la designación de zonas vulnerables "no debe implicar una disminución de la productividad y de los beneficios económica" de las zona afectados, sino que supone la introducción de unas prácticas de fertilización que prevengan la contaminación de los recurso hídricos, señala el gobierno catalán. Por eso, el Govern señala que desde el año 2004 se han abierto 56 nuevas granjas de cerdos y sehan ampliado 429 instalaciones en las zonas vulnerables.

En cambio, los grupos ecologistas señalan que el aumento de la contaminación por nitratos era previsible. "El Govern sólo pone parches, pero no hay suficiente voluntad política ni suficiente capacidad de acción para solventar el problema", señala Jesús Soler, presidente del Grup de Defensa

Para mejorar estas prácticas, el Govern creó el Consorci de Gestió de la Fertilització Agrària de Catalunya (Gesfer), cuya función en innovar, formar y asesorar a los agricultores en el uso racional de los fertilizantes orgánicos (purines)yminerales. "La fertilización excesiva de los campos con purines se produce sobre todo por ignorancia o falta de formación del agricultor. Por eso, queremos enseñar técnicas para que con menos dosis de abono, se pueda obtener la misma producción", dice Salvador Puig, presidente del Gesfer. Puig estima que se tardará tiempo en resolverse el problema, y sostiene que el incremento de nitratos en el subsuelo "puede deberse a una tendencia de filtración que puede venir de 20 años atrás".

En cambio, Jesús Soler, del GDT, estima que la única solución es "racionalizar el número de cabezas de la cabaña porcina", pues "en territorios como Osona y otros hay demasiado cerdos para un territorio limitado".

"Se crían cerdos de manera industrial. No se utiliza la paja para absorber el estiércol, sino que los cerdos están sobre rejas para ganar espacio y facilitar la limpieza.

Pero se emplea gran cantidad de agua, con lo que se generan muchospurines. Unos residuos tan líquidos hacen que cuando luego se escampan por los terrenos de cultivo se filtren con gran rapidez", agrega Jesús Soler.

Los ganaderos deben demostrar que tienen tierras suficientes donde dejar sus purines, pero el GDT dice que "no hay suficiente control de la gestión que se hace de estos desechos ganaderos y se siguen haciendo vertido indiscriminados", añade. Sólo en Osona hay un millón de cerdos, pero cada año se sacrifican 18 millones, dice Soler responsable del porcino en Unió de Pagesos, afirma que la mayoría de ganaderos son los primeros interesados en cumplir las normas establecidas para proteger el medio ambiente y asegura que "las cosas, salvo contadas excepciones, se están haciendo bien". Eso no quita la preocupación del sector por la ampliación de nuevas zonas vulnerables, que interpretan como una limitación a la expansión de sus negocios. El sindicato JARC es el más crítico con estas restricciones y acusa a la

SOLUCIÓN DE LOS ECOLOGISTAS

]]>
http://daion.lacoctelera.net/post/2009/10/14/exceso-purines#comentarios
Dualidad Síndrome de Down - autismo http://daion.lacoctelera.net/post/2009/10/04/dualidad-sindrome-down-autismo 2009-10-04T04:20:11+00:00 Síndrome de Down y autismo

Diferencias en la presentación clínica de la trisomía 21 con y sin autismo

El autismo o trastorno de espectro autista es una enfermedad genética compleja altamente heredable que aparece con una tasa de 6,7 por cada 1000 niños en edad escolar. Su diagnóstico se basa en la observación de una historia que muestra un conjunto específico de síntomas caracterizados por déficits en la reciprocidad de la interacción social, la comunicación y el lenguaje, y por intereses y conductas de tipo estereotípico y repetitivo. Se estima actualmente que la prevalencia de autismo en las personas con síndrome de Down oscila alrededor del 6-7%, lo que supone un aumento de 10 veces con respecto a la población general. También está aumentado en otros síndromes que cursan con discapacidad intelectual. Los niños con síndrome de Down y autismo están más deteriorados desde el punto de vista cognitivo que los niños con síndrome de Down sin autismo. Y la cuestión se centra en saber en qué grado la intensidad del deterioro cognitivo propio de un determinado síndrome puede afectar la medición de los síntomas del autismo y de ese modo influir sobre el diagnóstico de este cuadro. Por eso, el objetivo de nuestro estudio fue identificar las características que diferencian a los niños con trisomía 21 con y sin autismo, y determinar el grado en que un deterioro cognitivo grave (severo) afecta a la medición de la sintomatología autista.

Se realizó el estudio comparado emparejando 20 niños con síndrome de Down (4 a 16 años) que habían sido diagnosticados de autismo por medio de dos métodos de evaluación diagnóstica bien reconocidos (Autism Diagnostic Interview-Revised y Autism Diagnostic Observation Schedule), con 20 niños con síndrome de Down sin autismo, haciendo el emparejamiento por edad, sexo y raza.
Se valoraron las habilidades en comunicación, capacidad cognitiva y conducta adaptativa mediante tests de reconocida solvencia: Mullen Scales of Early Learning para la comunicación, Stanford-Binet Intelligence Scales para la capacidad cognitiva y Vineland Adaptive Behavior Scales para la conducta adaptativa. Las puntuaciones en el algoritmo diagnóstico del Autism Diagnostic Review-Revised fueron comparadas después de ajustarlas en función de la capacidad cognitiva.

Los niños con síndrome de Down y diagnóstico de autismo mostraron un funcionamiento significativamente más pobre en todas las evaluaciones comparados con los niños con síndrome de Down sin autismo: en las habilidades de lenguaje receptivo y expresivo, en las habilidades cognitivas (verbales y no verbales) y en las habilidades adaptativas (habilidades de la vida diaria, dominios de la comunicación y de la sociabilidad). Se demostró también que los déficits en la interacción social y comunicación recíprocas y el aumento en las conductas repetitivas y estereotípicas, que son rasgos nucleares del autismo, no guardaban estricta relación con la intensidad del deterioro intelectual, es decir, no eran simple función del deterioro intelectual. El estudio demuestra que los niños con síndrome de Down y autismo tienen una función cerebral significativamente más alterada que los niños con síndrome de Down sin autismo. El riesgo de convulsiones es también mayor.
Los autores sugieren que en los niños con síndrome de Down y autismo se suman las alteraciones en las conexiones neuronales que cada cuadro aporta. Ello originaría un alto grado de desconexiones sinápticas entre las neuronas en diferentes regiones cerebrales.

Consideraciones
Esto tiene importante consecuencias clínicas. Es difícil reconocer el autismo en los niños con síndrome de Down porque los déficits en las habilidades comunicativas y sociales suelen ser atribuidos al propio síndrome de Down y su consiguiente alteración cognitiva. Así se oscurece y se retrasa el diagnóstico de autismo, con el consiguiente perjuicio al retrasar la aplicación de estrategias intensas de intervención que estos niños necesitan. Es indispensable, por tanto, que los clínicos reconozcan que los síntomas del autismo en estos niños son propios e independientes de los deterioros cognitivos. Eso obliga a extremar el diagnóstico mediante evaluaciones técnicas realizadas por personal experimentado en ambos diagnósticos. Los niños se beneficiarán de la terapéutica e intervención específicamente dirigidas a manejar los problemas derivados de los dos diagnósticos: el síndrome de Down y el autismo.

Fuente: C.A. Molloy, D.S. Murray, A. Kinsman, H. Castillo / Journal of Intellectual Disability Research, 53: 143-151, 2009

]]>
http://daion.lacoctelera.net/post/2009/10/04/dualidad-sindrome-down-autismo#comentarios
Diagnosis de autismo en niños con síndrome de Down http://daion.lacoctelera.net/post/2009/10/04/diagnosis-autismo-ninos-con-sindrome-down-2 2009-10-04T04:14:16+00:00 Diagnosis de autismo en niños con síndrome de Down

Glenn Vatter
3124 Henneberry Road
Jamesville, NY 13078-9640
(315) 677-3844
Reprinted with the permission of the author
© 1998 Glenn Vatter. All rights reserved


Resumen
     No menos del 10% de las personas con síndrome de Down puede también padecer autismo. Los datos exactos son difíciles de obtener. Muchos casos no están diagnosticados o lo están a edades tardías. A la hora de hacer el diagnóstico, muchos profesionales bien no son conscientes de que las dos condiciones pueden coexistir, bien se muestran reticentes a dar el segundo diagnóstico. Diagnosticar el autismo es mucho más complicado que diagnosticar el Síndrome de Down: no hay análisis de sangre, ni marcador genético, ni características faciales u otras que se apliquen a todas las personas autistas. El diagnóstico es subjetivo y se basa en una serie de observaciones concurrentes de ciertos comportamientos. El diagnóstico y el tratamiento del autismo es mucho más crítico que el del síndrome de Down. Sin una detección y una intervención precoces, la vida de una persona con autismo puede ser mucho más limitada que la de una persona con síndrome de Down y a menudo los niños autistas viven en colegios-residencia más que en su casa, debido a la imposibilidad de los padres y del sistema escolar para manejar los comportamientos del niño.

Síntomas de autismo en el síndrome de Down
     El área clave afectada en el desarrollo de un niño con síndrome de Down es el área cognitiva, el desarrollo del pensamiento, del razonamiento y de la comprensión. En dicha área se son de esperar retrasos. Otras áreas del desarrollo son el área social y el área emocional. Estas áreas se desarrollan de modo más cercano a la normalidad en un niño con síndrome de Down, pero no así en un niño con autismo. Coleman y Rogers (1992) describen del siguiente modo el desarrollo social y emocional de un niño con síndrome de Down:

     La mayoría de los bebés con síndrome de Down muestran un retraso mínimo en su desarrollo social y emocional: sonríen cuando se les habla a los 2 meses (rango de 1,5 a 4 meses), sonríen espontáneamente a los 3 meses (rango de 2 a 6 meses) y reconocen a sus padres a los 3,5 meses (rango de 3 a 6 meses); cada uno de estos hitos muestra solamente 1 mes de retraso de media. Aunque algunos estudios sugieren que la intensidad de respuestas afectivas tales como sonreír y reír puede ser ligeramente inferior a la mostrada por bebés ordinarios, los padres responden con afecto a la aparición de la sonrisa y del contacto ocular. Los bebés con síndrome de Down empiezan a disfrutar de juegos infantiles interactivos (cucú-tratrás) sobre los 11 meses de edad (rango de 9 a 16 meses), lo cual representa un retraso de 3 meses con respecto a los bebés ordinarios. Los estudios realizados en el segundo año de vida muestran que los bebés tienen habilidades de comunicación social, utilizándolas para intentar distraer a un adulto de una tarea que el bebé no quiere realizar. Los bebés son cariñosos, afectivos y responden normalmente al contacto físico, a diferencia de otros bebés con otros tipos de discapacidades, entre ellas el autismo.

     Esta respuesta emocional normal continúa a lo largo de la vida adulta, y tal y como han mostrado estudios sobre adolescentes, se convierte en auténtica empatía, lo cual hace que la persona con síndrome de Down sea una persona sensible y socialmente consciente para vivir con ella.

     Por lo tanto, las áreas clave que hay que vigilar en un niño con síndrome de Down cuyo diagnóstico se sospecha que pueda estar complicado con un trastorno del comportamiento como el autismo son el área social y el área afectiva. Algunos profesionales sostendrán que el desarrollo social y afectivo puede verse afectado por retrasos en el desarrollo cognitivo y que no existe evidencia de un trastorno distinto. Aquí es donde interviene la naturaleza subjetiva del diagnóstico de autismo. Es una cuestión de grado.

     Algunos de los comportamientos clave que pueden señalar la posibilidad de autismo en un niño con síndrome de Down son:

  1. Soledad autista extremada. El niño no se relaciona con la gente de un modo normal y prefiere que se le deje solo. El niño parece considerar a las otras personas como objetos y no como personas. No se integrará en un grupo de juegos con otros niños. A diferencia de los niños con síndrome de Down, que son muy afectivos y a los que les gustan los abrazos, el niño autista no quiere ser abrazado.
  2. Deseo ansioso y obsesivo de que su entorno no cambie. Cualquier cambio en la rutina diaria puede causarle un gran disgusto.
  3. Falta de contacto ocular. Es típico de las personas con autismo el que no establezcan contacto ocular, sino que no miren a la gente o miren "a través" de los demás, como traspasándolos.
  4. Muestra movimientos repetitivos estereotipados, tales como sentarse un largo rato con un objeto en su mano, limitándose a moverlo hacia adelante y hacia atrás y a mirarlo.

     En la figura 1 se presenta una lista de los comportamientos autistas más representativos. Algunas de estas características son normales, hasta cierto punto, en un niño con síndrome de Down. Esto complica el diagnóstico de autismo en estos niños. En la sección siguiente, se presentan los criterios DSM-IV para diagnosticar el autismo, junto con anotaciones sobre si cada uno de los comportamientos prevalece más en autismo que en síndrome de Down.

Normalmente, las personas con autismo muestran por lo menos la mitad de las características que se describen a continuación. Estos síntomas pueden variar de leves a severos y la intensidad también puede variar de un síntoma a otro. Además, el comportamiento se da en muchas situaciones diferentes y es claramente inapropiado para su edad.

 

Dificultad para mezclarse con otros niños   Insistencia en la invarianza del ambiente; resistencia a los cambios de rutina
Risas inapropiadas   Falta de conciencia de peligros reales
Poco o ningún contacto ocular   Juego extraño sostenido
Aparente insensibilidad al dolor
  Ecolalia (repetición de palabras o frases en vez de utilizar el lenguaje normal)
Prefiere estar solo; comportamiento distante   Puede no querer ser abrazado ni abrazar
Da vueltas a objetos   No responde a señales verbales; actúa como si fuera sordo
Fijación inapropiada a objetos   Dificultad para expresar sus necesidades; utiliza gestos o apunta con el dedo en vez de usar palabras
Clara hiperactividad física o falta de actividad extrema   Rabietas: muestra una congoja exagerada sin razón aparente
No responde a los métodos tradicionales de enseñanza   Desnivel en la motricidad fina y gruesa (puede no querer dar patadas a un balón, pero apila bloques de construcción)

Adaptado del original del Profesor Rendle-Short, Hospital de niños de Brisbane, Universidad de Queensland, Australia

Figura 1. Lista de comportamientos autistas

Autismo y PDD - Definiciones
     El término oficial para el autismo, utilizado por la American Psychiatric Association en su DSM-IV, es el de Trastorno Generalizado del Desarrollo (en inglés, PDD, siglas de Pervasive Developmental Disorder). Los Trastornos Generalizados del Desarrollo forman un grupo que incluye 5 trastornos susceptibles de ser diagnosticados: Trastorno Autista, Síndrome de Rett, Trastorno Desintegrativo de la Niñez, Trastorno de Asperger y Trastornos Generalizados del Desarrollo no incluidos en otra parte. A veces, el término de autismo se utiliza para describir el trastorno autista y otras veces, se usa para describir los 5 trastornos PDD. Existen también otra serie de trastornos relacionados que en su conjunto se denominan trastornos del espectro autista. Para los objetivos de este artículo, incluyo los 5 trastornos PDD en el autismo.

Diagnóstico de Autismo en el Síndrome de Down. Lista del DSM-IV
     El autismo se diagnostica observando el comportamiento del paciente. Hay 16 síntomas descriptivos que examinar. Si se observa una combinación apropiada de ocho de ellos, se establece un diagnóstico de autismo. Estos síntomas se agrupan en cuatro áreas generales: Interacciones sociales severamente deterioradas, Imaginación y comunicación severamente deterioradas, Intereses y actividades extremadamente limitados y Síntomas observados por vez primera en la infancia o niñez temprana. En algunos casos, como en el síndrome de Down, el retraso mental puede enmascarar el autismo y el diagnóstico puede retrasarse o no darse nunca.

     Los criterios diagnósticos para el autismo dados por la American Psychiatric Association están contenidos en su Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales, cuarta edición (DSM-IV). El diagnóstico es bastante complejo y es reconocido únicamente cuando lo lleva a cabo un profesional cualificado.

     Diagnosticar el autismo en una persona con síndrome de Down es un poco más difícil que en una persona sin este síndrome. Algunos de los criterios del autismo aparecen normalmente en las personas Down y esto no significa que el autismo esté presente. A continuación, se describe el DSM-IV para el trastorno autista con apuntes después de cada uno de los criterios, indicando si este criterio se encuentra normalmente en el síndrome de Down o es más indicativo de autismo. Al diagnosticar autismo en una persona Down, el profesional deberá examinar cada uno de los criterios viendo si es un rasgo normal en una persona con Down y, si es un rasgo normal, es más severo de lo que se encuentra normalmente en una persona Down.

  1. Deben cumplirse seis o más manifestaciones de (1), (2) y (3) cumpliéndose como mínimo dos elementos de (1), uno de (2) y uno de (3).
    1. Trastorno cualitativo de la relación social, expresado como mínimo en dos de las siguientes manifestaciones:
      1. Trastorno importante en muchas conductas de relación no verbal, como la mirada a los ojos, la expresión facial, las posturas corporales y los gestos para regular la interacción social.
        • No se dan normalmente en el síndrome de Down, más indicativos de autismo.
      2. Incapacidad para desarrollar relaciones con iguales adecuadas al nivel evolutivo.
        • No se dan normalmente en el síndrome de Down, más indicativos de autismo.
      3. Ausencia de conductas espontáneas encaminadas a compartir placeres, intereses o logros con otras personas (por ejemplo, de conductas de señalar o mostrar objetos de interés).
        • Presente en alguna medida en el síndrome de Down, pero mucho más pronunciado en autismo.
      4. Falta de reciprocidad social o emocional.
        • Presente en alguna medida en el síndrome de Down, pero mucho más pronunciado en autismo.
    2. Trastornos cualitativos de la comunicación, expresados como mínimo en una de las siguientes manifestaciones:
      1. Retraso o ausencia completa de desarrollo del lenguaje oral (que no se intenta compensar con medios alternativos de comunicación, como los gestos o mímica).
        • No se da normalmente en el síndrome de Down.
      2. En personas con habla adecuada, trastorno importante en la capacidad de iniciar o mantener conversaciones.
        • Se da normalmente en el síndrome de Down, pero no con la misma intensidad que en autismo.
      3. Empleo estereotipado o repetitivo del lenguaje, o uso de un lenguaje idiosincrático.
        • Se da algo en el síndrome de Down, pero no con la misma intensidad que en autismo.
      4. Falta de juego de ficción espontáneo y variado, o de juego de imitación social adecuado al nivel evolutivo.
        • No se da normalmente en el síndrome de Down.
    3. Patrones de conducta, interés o actividad restrictivos, repetidos y estereotipados, expresados como mínimo en una de las siguientes manifestaciones:
      1. Preocupación excesiva por un foco de interés (o varios) restringido y estereotipado, anormal por su intensidad o contenido.
        • No se da normalmente en el síndrome de Down.
      2. Adhesión aparentemente inflexible a rutinas o rituales específicos y no funcionales.
        • No se da normalmente en el síndrome de Down.
      3. Estereotipias motoras repetitivas (por ejemplo, sacudidas de manos, retorcer los dedos, movimientos complejos de todo el cuerpo, etc).
        • No se da normalmente en el síndrome de Down.
      4. Preocupación persistente por partes de objetos.
        • No se da normalmente en el síndrome de Down.

     

  2. Antes de los tres años, deben producirse retrasos o alteraciones en una de estas tres áreas: (1) Interacción social, (2) Empleo comunicativo del lenguaje, ó (3) Juego simbólico.
    • Los niños con síndrome de Down presentarán normalmente algunos déficits en estas áreas, dependiendo de la profundidad de su retraso mental. Como estos déficits son esperados, se suelen ignorar en los informes y no se registran. Por lo tanto, cuando se diagnostica autismo a una edad más avanzada y se buscan los informes anteriores para ver las anotaciones sobre estas áreas, o bien no se encuentran en los informes oficiales del niños o bien han sido olvidadas porque no se consideraban relevantes en aquel tiempo. El profesional que esté realizando el diagnóstico podría por lo tanto descartar un posible diagnóstico de autismo porque aparentemente (y falsamente) estas características no estaban presentes antes de los 36 meses de edad. A causa de esta peculiaridad en el diagnóstico, existen probablemente muchas personas con síndrome de Down y autismo, no habiendo sido éste último diagnosticado.

     

  3. El trastorno no se explica mejor por un Síndrome de Rett o trastorno desintegrativo de la niñez.

Cuestiones relativas al diagnóstico de autismo en personas con síndrome de Down
     Existen un cierto número de razones por las cuales no hay constancia de muchos casos de autismo en personas con síndrome de Down.

     Una de ellas radica en los criterios diagnósticos, que requieren la aparición de síntomas antes de los 3 años de edad. En el caso del síndrome de Down, los padres de un niño con síndrome de Down y los profesionales que los atienden están más preocupados con el síndrome de Down en sí y sus posibles complicaciones en cuanto a problemas cardíacos, leucemia y otros problemas. Se espera que haya retraso en el desarrollo. Dado que estos retrasos del desarrollo son esperados, simplemente no se les ocurre ni a los padres ni a los profesionales que pueda haber autismo. Los padres probablemente no han oído hablar nunca de autismo e ignoran todo acerca de sus síntomas. Esto mismo puede ocurrir con algunos profesionales que se ocupan del niño con síndrome de Down. Solamente el más astuto de los profesionales del diagnóstico podría reconocer la presencia del autismo en un niño con síndrome de Down antes de los 3 años de edad. Solamente cuando el niño crece, o si los padres insisten, puede aparecer con claridad que el autismo está presente. Pero algunos profesionales pueden aplicar la regla de los 3 años y descartar un diagnóstico de autismo al no aparecer registrados en los informes determinados síntomas antes de los 3 años. La cuestión de la aparición temprana constituye por lo tanto un obstáculo importante para el diagnóstico.

     Otra dificultad radica en el hecho de que en las personas con síndrome de Down se dan ya algunos criterios del DSM-IV como parte del propio síndrome de Down. Cuando el profesional intente detectar 8 de los 16 criterios específicos del autismo, puede caer en la tentación de descartar estos síntomas como característicos del síndrome de Down y no contabilizar los suficientes síntomas como para dar un diagnóstico de autismo.

     Asimismo, algunos profesionales pueden considerar únicamente como autismo el autismo de Kanner, en el cual el retraso mental es leve o nulo y descartar un diagnóstico de autismo en el caso del síndrome de Down, en el que existe normalmente retraso mental. Otros pueden descartar el diagnóstico de autismo debido a que sus causas son normalmente nebulosas o desconocidas en un caso individual, y dado que existe retraso mental en el síndrome de Down, pueden decir que ya que existe una causa conocida, no ha lugar el diagnóstico de autismo.

     Algunos profesionales pueden no querer agobiar a la familia con otra etiqueta adicional de autismo. Este hecho le quita a la familia la oportunidad de unirse a grupos de apoyo de autismo y a buscar tratamientos de autismo. Si bien es cierto que protocolos de tratamiento de autismo y síndrome de Down se solapan y tienen muchas características comunes, los tratamientos del autismo son mucho más intensos. Y el tratamiento del autismo es mucho más crítico para prevenir consecuencias para toda la vida.

     Los problemas anteriormente expuestos se plantean en la parte de texto del DSM-IV, que se muestra favorable a establecer un diagnóstico de autismo cuando están presentes los síntomas. No hay nada, ni en la parte de texto ni en la lista de criterios diagnósticos, que sugiera un posible rechazo a diagnosticar autismo en una persona con síndrome de Down y/o retraso mental. El texto especifica claramente que muchas personas autistas tienen también retraso mental. También especifica que si hay una pérdida de información sobre los primeros años de vida o si los datos no son claros en cuanto a la aparición de síntomas antes de los 3 años de edad, debería darse un diagnóstico de autismo.

     Estoy en contacto con bastante padres que tienen niños con un diagnóstico dual de síndrome de Down y autismo. Todos ellos han contado que tuvieron grandes dificultades para obtener un diagnóstico dual. No podían entender el fracaso de sus hijos para desarrollarse social y emocionalmente, con déficits más allá de los que se presentan normalmente en un niño con síndrome de Down. Tuvieron que dar muchas vueltas y suplicar literalmente a los profesionales que les dijeran qué es lo que pasaba a sus hijos. No se trata de casos de padres hipocondríacos que intentaban coleccionar diagnósticos, sino más bien de padres que deseaban saber qué era lo que funcionaba mal en sus hijos.

Estudios
     Los estudios sobre autismo en el síndrome de Down son más bien escasos. Ghazziuddin (1992) encontró dos niños que cumplían los criterios del DSMIII-R para autismo, de una población de 40 niños con síndrome de Down. Wing y Gould (1979) diagnosticaron, dentro de un grupo de 30 niños con síndrome de Down, a cuatro niños que tenían autismo o estaban dentro del espectro autista. Turk (1992) registró que un 9% de sus series de niños con síndrome de Down cumplían todos los criterios de autismo. Lund (1988) diagnosticó a 5 adultos con autismo, de un grupo de 44 con síndrome de Down. Bregman (1988) y Wakabayashi (1979) también describieron a niños con diagnóstico dual. Howlin y cols. (1995) describieron a 4 chicos con síndrome de Down, que fueron diagnosticados como autistas entre los 8 y 11 años. Los autores informan que, aunque no existe ningún estudio epidemiológico sobre la prevalencia de trastornos del espectro autista en una gran población de niños con síndrome de Down, la evidencia actualmente disponible sugiere que es del orden del 30%. Asimismo, en este artículo, los autores comentan que el Dr. Ghazziuddin les había comunicado personalmente que había encontrado un 10% de casos de autismo en sus pacientes con síndrome de Down. El Dr. Ghazziuddin también me ha comunicado a mí personalmente que el 10% es un número bastante razonable. Ghazziuddin (1997) describe a tres personas con síndrome de Down y autismo. Gillberg y cols. (1986) encontraron un 5% de personas con autismo en una población de 20 personas con síndrome de Down.

     Se han llevado a cabo bastantes estudios con una gran población de personas con síndrome de Down y sus resultados han mostrado una proporción muy baja de casos de autismo. Gath y Gumley (1986) encontraron un 1% de personas con autismo, de un grupo de 193 personas con síndrome de Down. Meyers y Pueschel (1991) encontraron un 1% de personas con autismo, de un grupo de 497 personas con síndrome de Down. Collacut y cols. (1992) encontraron un 2,2% de personas con autismo, de un grupo de 371 personas con síndrome de Down. Los bajos índices obtenidos en estos estudios pueden ser engañosos. Estos estudios se llevaron a cabo por investigadores que buscaban trastornos psiquiátricos en niños y adultos con retraso mental. No buscaban específicamente el autismo. Se hicieron diagnósticos de depresión, psicosis, trastornos de la personalidad, trastornos de conducta, esquizofrenia, trastornos emocionales, autismo y muchos otros. Algunos se hicieron utilizando versiones de 1980 del DSM-III o del ICD-9. Uno de los estudios se hizo examinando antiguas historias clínicas y haciendo un diagnóstico retrospectivo basado en observaciones realizadas muchos años antes por personas que manejaban conceptos anticuados, tales como la rutinaria clasificación del autismo como esquizofrenia. Dos de los autores admiten que las personas diagnosticadas con psicosis podrían también haber sido agrupadas como autistas. Un autor estableció el diagnóstico de psicosis en varios casos de comportamientos autistas porque estos comportamientos no habían sido registrados antes de los 30 meses de edad. He revisado estos estudios y reclasificado aquellos casos en los que el autor sugería que se podría haber establecido un diagnóstico de autismo en vez de otros trastornos y he recalculado los índices de autismo. El resultado alcanzó hasta un 16%.

     Como ya se mencionó anteriormente, para empezar el diagnóstico de autismo es bastante subjetivo, y se vuelve más confuso en personas con síndrome de Down y otras formas conocidas de retraso mental. Es muy difícil encontrar datos estadísticos claros y válidos, debido a las dificultades que existen para diagnosticar el autismo. No se trata de establecer estadísticas claras y científicas, sino de que los dos trastornos pueden darse a la vez y en un número significativo de personas. Como las limitaciones en autismo son mucho mayores, tal y como se ha comentado anteriormente, es muy importante reconocer un caso de autismo en un niño con síndrome de Down, para que se puedan poner en marcha protocolos de tratamiento más apropiados y los padres puedan buscar también apoyo fuera de la comunidad del síndrome de Down.

Referencias
Bregman, J. D., & Volkmer, F. R. (1988). "Autistic social dysfunction and Down's syndrome", Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 27, 440-441.

Coleman, M. (1986). "Down's Syndrome children with autistic features", Down's Syndrome: Papers and Abstracts for Professionals, 1986, 9,1-2.

Rogers, P. T. & Coleman, M. (1992). "Medical Care in Down Syndrome: A Preventive Medicine Approach", New York, Marcel Dekker, Inc., pp 208-211.

Collacott, R., Cooper, S., & McGrother, C. (1992). "Differential rates of psychiatric disorders in adults with Down syndrome compared with other mentally handicapped adults", British Journal of Psychiatry, 161, 671-674.

Gath, A. & Gumley, D. (1986). "Behavior problems in retarded children with special reference to Down syndrome", British Journal of Psychiatry, 149, 151-156.

Gillberg, C., Persson, E., Grufman, N., & Themner, U. (1986). "Psychiatric disorders in mildly and severely mentally retarded urban children and adolescents: epidemiological aspects.", British Journal of Psychiatry, 149,68-74.

Ghaziuddin, M., Tsai, L., & Ghaziuddin, N. (1992). "Autism in Down's syndrome; presentation and diagnosis", Journal of Intellectual Disability Research, 36, 449-456.

Ghazziudden, M. (1997). "Autism in Down's syndrome: Family history correlates" Journal of Intellectual Disability Research, 41 part1, 87-91.

Howlin, P., Wing, L., & Gould, J. (1995). "The recognition of autism in children with Down's syndrome-implications for intervention and some speculations about pathology", Developmental Medicine and Child Neurology, 37, 406-413.

Knott, F. et al. (1996). "Sibling interaction of chidren with learning disabilities: A comparison of autism and Down syndrome", Journal of Child Psychology and Psychiatry, 36(6), 965-976.

Loveland, K. A., & Kelley, M. L. (1991). "Development of adaptive behavior in preschoolers with autism or Down syndrome", American Journal on Mental Retardation, 96(1), 13-20.

Loveland, K. A., & Kelley, M. L. (1988). "Development of adaptive behavior in adolescents and young adults with autism and Down syndrome", American Journal on Mental Retardation, 93(1), 84-92.

Lund, J. (1988). "Psychiatric aspects of Down syndrome", Acta Psychiactrica Scandinavia, 78, 369-374.

Maltz, A., & Schopler, E. (1979) "Down's Syndrome and early infantile autism: Diagnostic confusion?", Journal of Autism and Developmental Disorders, 9, No.4, 453-456.

Myers, B. A. & Pueschel, S. M. (1991). "Psychiatric Disorders in Persons with Down Syndrome", The Journal of Nervous and Mental Disease, 179, 609-613.

Pary, R. J. (1997). "Comorbidity of Down syndrome and autism", The Habilitative Mental Healthcare Newsletter, 16(1).

Turk, J. (1992). "Children with Down's syndrome and Fragile X syndrome: a comparison study.", Society for Study of Behavioral Phenotypes: 2nd Symposium Abstracts, Oxford:SSSP

Vatter, G. (1997). "Billy, A Family's Experience with a Multiply Disabled Child", self published.

Wakabayashi, S. (1979). "A case of infantile autism associated with Down's syndrome", Journal of Autism and Developmental Disorders, 9, 31-36.

Wing L. & Gould, J. (1979). "Severe impairment of social interaction and associated abnormalities in children; epidemiology and classification", Journal of Autism and Developmental Disorders, 9, 11-29.

Yirmiya, N. et al. (1996). "Theory of mind abilities in individuals with autism, Down syndrome, and mental retardation of unknown etiology: The role of age and intelligence", Journal of Child Psycology and Psychiatry, 37(8), 1003-1014.

]]>
http://daion.lacoctelera.net/post/2009/10/04/diagnosis-autismo-ninos-con-sindrome-down-2#comentarios
L´atrophie corticale postérieure http://daion.lacoctelera.net/post/2009/10/02/l-atrophie-corticale-posterieure-2 2009-10-02T23:08:13+00:00

L'atrophie corticale postérieure (ACP) est un syndrome clinique caractérisé par des difficultés visuelles complexes, d'apparition progressive, associées à une atrophie des régions corticales postérieures, habituellement en rapport avec des lésions de nature dégénérative [1-4]. C'est une affection relativement rare qui s'inscrit dans le cadre des atrophies focales progressives. L'âge moyen de début des troubles est de 60 ans et l'installation d'un tableau démentiel plus global s'effectue en moyenne cinq ans après l'apparition des troubles perceptifs visuels. La première description d'une atteinte visuelle progressive a été rapportée par Pick en 1902 [5], mais c'est Benson qui a isolé le premier, en 1988, le cadre nosologique de l'ACP [1], à partir d'une série de cinq patients qui présentaient tous une démence progressive dont le symptôme initial avait été une agnosie visuelle, accompagnée d'un ou de plusieurs éléments du syndrome de Balint (paralysie psychique du regard1, ataxie optique2 et simultagnosie3) et du syndrome de Gerstmann (troubles du schéma corporel tels qu'une indistinction droite-gauche ou une agnosie digitale, associés à une agraphie et une acalculie), ainsi que d'une aphasie transcorticale sensorielle. La mémoire, le jugement et la conscience des troubles étaient relativement préservés chez ces patients jusqu'à un stade avancé de la maladie. Pour Benson, les symptômes qu'il décrit sont homogènes, spécifiques et suffisamment différents de ceux de la maladie d'Alzheimer ou d'autres maladies neurodégénératives pour que l'ACP soit considérée comme un véritable syndrome clinique et que soient proposés des critères diagnostiques (tableau 1).

Tableau 1 Résumé des symptômes de l'ACP et de leur chronologie, adapté de Benson et al. [2].Table 1. Summary of PCA symptoms and their chronology according to Benson et al. [2].

Symptômes neuro-comportementaux

Rapporté dans l'évolution de l'ACP

Troubles visuo-constructifs

Précocement

Agnosie environnementale

Précocement

Acalculie

Précocement

Anomie

Précocement

Alexie

Précocement

Agraphie

Précocement

Syndrome de Gerstmann

Précocement

Syndrome de Balint

Précocement

Amnésie

Tardivement

Anosognosie

Tardivement

Comportement

Adapté

Points clés

  • La spécificité de l'atrophie corticale postérieure (ACP) réside dans la présentation clinique des patients caractérisée par une atteinte visuelle corticale.
  • Il existe deux formes distinctes d'ACP. La forme dorsale est caractérisée par un syndrome de Balint et/ou un syndrome de Gerstmann, une alexie, des troubles dans la réalisation de gestes symboliques et/ou d'habillage. La forme ventrale se manifeste par une agnosie visuelle pouvant concerner tous les types de stimuli.

Après avoir abordé la présentation clinique de l'ACP et discuté rapidement des principaux diagnostics différentiels, nous évoquerons les spécificités de l'ACP dans différents examens complémentaires et les résultats des études anatomopathologiques publiées dans la littérature. Nous terminerons cette revue du sujet par la présentation d'un cas clinique d'ACP qui a comme particularité de présenter une atteinte isolée de la voie ventrale de la perception visuelle (sans atteinte de la voie dorsale), tableau rarement décrit.

Tableau clinique de l'atrophie corticale postérieure

Plaintes des patients

Les difficultés rapportées par les patients atteints d'ACP et leur entourage sont souvent peu explicites. De plus, un patient n'ose pas forcément exprimer qu'il confond les objets entre eux, qu'il rate la main qu'on lui tend ou les objets qu'il tente de saisir. Lorsqu'ils se plaignent, la plupart disent « mal voir », voir « plus flou qu'avant ». Paradoxalement, un patient peut rapporter mieux percevoir les objets lointains que les objets proches ou les objets de petite taille que les objets de plus gros volume. Peuvent être également décrites des difficultés de lecture ou d'écriture, ou encore des maladresses pour saisir ou utiliser des objets. Les plaintes sont analogues à celles des patients qui présentent une agnosie visuelle à la suite d'un accident vasculaire [6]. Le parcours habituel de ces patients passe par une consultation ophtalmologique qui ne permet pas d'expliquer les troubles. Toutefois, une exploration fonctionnelle de la vision est indispensable avant toute évaluation neuropsychologique afin d'exclure un trouble visuel périphérique qui expliquerait à lui seul les difficultés perceptives. Cette exploration permet la mesure de l'acuité visuelle du patient mais également la mesure de sa sensibilité au contraste, de son champ visuel et de sa vision stéréoscopique [7]. Cependant, ce type d'exploration nécessite quelques adaptations pour être réalisé par un patient présentant une ACP. Par exemple, l'acuité visuelle, qui reflète la capacité à discriminer les détails fins d'un objet dans le champ visuel, est traditionnellement mesurée à l'aide d'une épreuve de lecture de lettres. Or, cette épreuve peut être échouée, non pas à cause d'une faible acuité, mais du fait d'un déficit de reconnaissance des lettres. Pour éviter cet écueil, Vighetto [7] préconise la mesure de l'acuité visuelle à l'aide de « réseaux » présentés sur une plage rectangulaire formée alternativement de bandes noires et blanches d'égales largeurs. Cette procédure mesure la plus petite fréquence spatiale (la plus petite largeur des bandes) permettant de percevoir l'alternance des bandes blanches et noires. Une conversion arithmétique permet alors d'estimer l'acuité visuelle du patient à partir de la mesure de la fréquence spatiale.

Les patients présentant une ACP peuvent également être amenés à consulter un psychiatre devant la normalité des examens ophtalmologiques, en particulier pour prendre en charge des troubles de l'humeur qui peuvent découler de la conscience d'un déficit qu'ils n'arrivent pas à comprendre. C'est le plus souvent après ces étapes que les patients sont adressés en neurologie. À ce moment, ils sont relativement conscients de leurs troubles visuels, même s'ils ne peuvent généralement pas élaborer de plainte spécifique [3].

Il existe peu de données qui permettent de décrire la présentation clinique de ces patients au stade initial de la maladie car ils sont rarement observés à ce stade, comme c'est le cas pour la patiente que nous présentons à la fin de cet article. Le cheminement des patients jusqu'à la consultation neurologique est la cause du délai qui existe entre le début des troubles et le diagnostic d'ACP. Il peut donc être utile de disposer d'une série de questions à poser lorsque l'on suspecte une ACP, comme l'a proposé Croisile [8], afin d'explorer différents secteurs des activités de la vie quotidienne (vision, utilisation d'objets, saisie d'objets, utilisation de la voiture, calcul, lecture, écriture, dessin, etc.) pour mettre en évidence le syndrome cognitif (agnosie visuelle, prosopagnosie, ataxie optique, désorientation topographique, simultagnosie, etc.). Concrètement, il s'agit, par exemple, de demander au patient s'il se perd dans un environnement connu, s'il voit mieux les objets lorsqu'il s'éloigne d'eux, s'il peut manquer un objet à saisir ou encore s'il tâtonne devant lui pour le trouver et le saisir. Il peut être également pertinent de savoir s'il a du mal à retrouver sa voiture sur un parking, s'il lui arrive de se tromper de véhicule ou bien s'il raye souvent sa voiture et celle des autres. Pour l'écriture, les questions portent sur la fréquence des fautes d'orthographe et sur la réalisation graphique des lettres, ainsi que sur l'espace laissé entre les lettres ou entre le texte et les marges. En ce qui concerne la lecture, il faut rechercher s'il a l'impression que les lettres sont floues ou le deviennent lorsqu'il les fixe longtemps, s'il se trompe de ligne lors du passage à la ligne suivante ou s'il lit plus facilement les petites lettres que les grosses.

Tableau clinique

Les études de séries de patients [2-15] ont permis d'isoler certains signes prédominants comme l'avait déjà suggéré Benson en 1988. Une première façon d'appréhender les déficits est de décrire l'ensemble des signes cliniques qui sont les plus fréquemment rapportés. À un niveau descriptif, des éléments du syndrome de Balint sont les plus fréquents [3], mais très peu de patients ont un syndrome de Balint complet. La simultagnosie, présente seule ou avec d'autres éléments du syndrome de Balint, en est le signe le plus commun.

Des éléments du syndrome de Gerstmann ont été documentés, avec une acalculie comme signe le plus fréquent, mais là encore très peu de patients présentent un syndrome de Gerstmann complet [3]. Toutefois, même s'ils sont absents ou discrets dans les phases précoces de l'ACP, les différents aspects du syndrome de Balint et du syndrome de Gerstmann apparaissent et progressent en général avec l'évolution de la maladie.

D'autres travaux, dont l'étude princeps de Benson, mettent en avant la présence d'une agnosie visuelle, principalement aperceptive4, concernant les objets, les visages et les couleurs. Par ailleurs, il semble que les cas d'ACP dont le symptôme majeur réside dans la présence d'une agnosie visuelle évoluent plus lentement dans le temps que les autres formes. Toutefois, même si elle est absente dans les phases précoces de la maladie, l'agnosie visuelle est fréquemment décrite dans l'évolution des troubles. Les symptômes peuvent également comprendre une héminégligence visuelle et, selon certains auteurs, une hémianopsie latérale homonyme [16].

Un tableau d'aphasie est également souvent présent. Les difficultés progressives affectant le langage oral comprennent la présence de paraphasies, de conduites d'approche et de troubles de la compréhension ; la répétition demeure, quant à elle, le plus souvent intacte. Ce tableau évoque celui d'une aphasie transcorticale sensorielle, mais l'étude de McMonagle et al. [9] a mis en évidence une atteinte des processus de répétition avec la description de tableaux d'aphasie de conduction ou d'aphasie de Wernicke. Avec la progression de la maladie, la plupart des patients ont une perte de leurs capacités de lecture (alexie) et d'écriture (agraphie). La plupart du temps, l'alexie et l'agraphie tendent même à progresser rapidement dès les stades initiaux de la pathologie. Une étude de groupe récente [9] met en avant l'alexie comme symptôme majeur de l'ACP comparativement à la simultagnosie, à l'ataxie optique ou à toute autre perturbation du langage.

Plus rarement, il peut exister dans les ACP une désorientation environnementale au stade initial de la maladie, les patients se perdant dans les lieux familiers, ce qui devient d'ailleurs rapidement très péjoratif pour leur autonomie.

Les troubles de la réalisation des gestes symboliques, l'apraxie constructive et l'apraxie d'habillage sont également très fréquents. L'apraxie constructive est définie comme l'impossibilité de copier, de tracer ou de dessiner une figure géométrique avec également des difficultés à analyser les formes et la longueur des lignes. L'apraxie d'habillage est plus rare dans les phases précoces de l'ACP, mais dans l'évolution du trouble, ce désordre devient plus invasif et problématique pour l'indépendance des patients.

S'ils sont absents dans les phases précoces, la plupart de ces signes cliniques apparaissent au cours de l'évolution de la maladie, avec l'installation d'un tableau plus global, associé à une méconnaissance des troubles. La survenue d'illusions ou d'hallucinations visuelles n'est pas rare. La présence d'un syndrome de Capgras (ou illusion des sosies, c'est-à-dire l'incapacité de reconnaître une personne en croyant que la vraie personne a été remplacée par un double, un imposteur), d'un syndrome de Fregoli (fausses reconnaissances de plusieurs personnes sans ressemblance comme étant la même personne) ainsi que le signe du miroir (impression de percevoir un étranger lorsque le patient se regarde dans un miroir) ont également été décrits [9, 17].

L'approche de Ross et al. [10] ne propose pas seulement une analyse descriptive des troubles, mais plutôt de regrouper les ACP au sein de deux grands tableaux spécifiques selon le type d'atteinte des voies corticales de la perception visuelles, ventrales ou dorsales. La forme la plus fréquente des ACP concerne une atteinte de la voie de la perception visuelle dorsale (encore appelée voie occipito-pariétale ou voie du « où » [12, 13]). La voie dorsale est impliquée dans la détection de la localisation et des déplacements des objets dans la préparation des mouvements. Cette forme d'ACP est liée à une atteinte bipariétale ou à une atteinte occipito-pariétale. Elle se manifeste par des signes témoignant d'un dysfonctionnement pariétal, tel que des éléments d'un syndrome de Balint et/ou d'un syndrome de Gerstmann, une alexie et la présence des troubles des gestes symboliques et/ou d'habillage.

La voie ventrale (voie occipito-temporale ou voie du « quoi ») est impliquée dans l'identification et la reconnaissance des objets, des visages, des couleurs et de l'écriture. Les formes d'ACP ventrale sont beaucoup plus rares [9] et la clinique oriente plutôt vers la présence d'une agnosie visuelle initiale pouvant concerner tous types de stimuli, c'est-à-dire les objets, les lettres et les mots (alexie sans agraphie), les visages (prosopagnosie) ou les lieux (agnosie environnementale). Cette sémiologie est observée en cas d'atteinte occipitale ou occipito-temporale.

Toutefois, quelle que soit la présentation initiale, l'évolution se fait fréquemment vers une ACP globale, associant les deux types de symptômes, c'est-à-dire ceux qui sont associés aux atteintes de la voie dorsale et de la voie ventrale.

Une autre distinction a été proposée par Aharon-Peretz et al. [11] qui suggèrent qu'il existe dans l'ACP deux sous-types cliniques, en particulier à la phase initiale : une forme avec manifestations apraxiques prédominantes et une deuxième forme dans laquelle les troubles visuo-spatiaux sont au premier plan. Dans les deux cas, l'imagerie par HMPAO-Spect met en évidence des hypoperfusions pariéto-occipitales, bien différentes des images habituellement observées dans la maladie d'Alzheimer typique (c'est-à-dire des hypoperfusions temporo-pariétales).

Évaluation neuropsychologique

L'évaluation des fonctions visuelles s'effectue en différents temps. Tout d'abord, il faut s'assurer qu'il n'existe pas de déficit sensoriel primaire dans la modalité visuelle grâce à une exploration fonctionnelle de la vision et, plus particulièrement, que le champ visuel et l'acuité visuelle sont normaux, ce qui est le cas de la patiente dont nous rapportons l'observation. Puis, il faut évaluer spécifiquement le traitement spatial des objets et le traitement perceptif. Le traitement spatial des objets est évalué par des tâches de préhension, de poursuite de cible ou des tests neuropsychologiques tels que des épreuves de jugement d'orientation de lignes ou de comptage de points dans un espace en deux dimensions. Dans le cas d'une atteinte perceptive, il faut vérifier que le trouble de la reconnaissance est limité à la seule modalité visuelle et qu'il ne peut être expliqué par une autre atteinte cognitive. Enfin, en se référant à un modèle cognitif du traitement perceptif visuel [18, 19], l'évaluation tente de définir l'atteinte cognitive responsable de la symptomatologie clinique. Pour ce faire, il faut effectuer une évaluation des processus perceptifs précoces puis, s'il n'y a pas d'altération de ce niveau, une évaluation des processus perceptifs intermédiaires et, si les deux précédents niveaux de traitement sont respectés, il faut alors tester les processus perceptifs tardifs et l'accès aux représentations structurales stockées et sémantiques.

Diagnostics différentiels

Il est habituellement aisé dans la pratique clinique de distinguer une maladie d'Alzheimer (MA) d'une ACP car ces deux pathologies présentent des caractéristiques cognitives bien spécifiques. Comparativement aux patients présentant une MA, les tests visuo-perceptifs, visuo-spatiaux et les praxies constructives sont significativement plus altérés chez les patients souffrant d'une ACP [20]. À l'inverse, les difficultés de mémoire épisodique sont largement prédominantes dans les cas de MA [20]. En revanche, l'évaluation de l'attention, des capacités d'initiation et de conceptualisation ne montre pas de différence significative [9]. Les troubles du langage ne sont pas spécifiques. Dans ces deux pathologies peuvent être décrites des aphasies fluentes, non-fluentes ou anomiques mais il existe une prédominance des altérations précoces des tâches de lecture et d'écriture dans les ACP. Pour ces dernières, le début des troubles est également plus précoce et les patients sont relativement conscients de leurs difficultés.

D'autres tableaux peuvent être plus difficiles à distinguer sur le plan clinique. C'est notamment le cas de la dégénérescence cortico-basale (DCB) qui, elle aussi, associe des difficultés visuo-perceptives, visuo-spatiales et apraxiques. Le début unilatéral des signes est, dans ce cas, un argument important en faveur du diagnostic de DCB. Une leucoencéphalopathie multifocale progressive (LEMP) peut également être discutée, mais ici le caractère très rapidement progressif de la symptomatologie chez un sujet immunodéprimé va faire rechercher le virus JC et établir le diagnostic. Plus difficile peut être la différenciation avec les formes particulières de maladie de Creutzfeldt-Jakob (MCJ) (forme de Heidenhain) dans laquelle les troubles visuels sont prédominants et il faut savoir en rechercher les caractéristiques : évolution plutôt subaiguë, existence de complexes périodiques sur l'électroencéphalogramme, anomalies IRM en séquences FLAIR avec des hypersignaux des noyaux gris et du ruban cortical et surtout dosage de la protéine 14-3-3 dans le LCR. Plus rarement, le diagnostic clinique peut se discuter avec une maladie à corps de Lewy (MCL), surtout lorsque dans l'évolution apparaissent des hallucinations visuelles et des signes extrapyramidaux [3].

Examens complémentaires

L'imagerie cérébrale anatomique indique une atrophie focale ou asymétrique des régions pariétales et/ou occipitales avec un élargissement des ventricules et des sillons corticaux dans les régions pariéto-occipitales et un respect relatif des régions frontales et mésiotemporales. Mais l'atrophie n'est pas toujours évidente au stade débutant de la maladie. En argumentant sur cette absence d'atrophie évidente dans une série de cas dont la présentation clinique était assez typique, Renner et al. ont proposé, en 2004, le terme de « dysfonctionnement cortical postérieur progressif » plutôt que celui d'ACP [12]. Ce terme ne sera pas repris dans la littérature car, même en l'absence d'atrophie, le tableau clinique des ACP va dans le sens d'une atteinte fonctionnelle et histopathologique des régions postérieures du cortex.

L'imagerie cérébrale fonctionnelle montre des anomalies occipito-temporales prédominantes avec la présence d'une hypoperfusion ou d'un hypométabolisme cérébral des régions pariéto-occipitales [21, 22], et ceci même en l'absence d'une atrophie corticale focale en imagerie cérébrale anatomique [2], quelquefois plus prononcée dans l'hémisphère gauche [21, 23] ou dans l'hémisphère droit [24].

Anatomopathologie

La question suscitée par la plupart des travaux concernant les ACP porte sur la nature histopathologique des lésions rencontrées dans les ACP et sur les liens existants entre l'ACP et la MA. S'il n'y avait pas d'examen anatomo-pathologique dans l'étude princeps de Benson, il existe actuellement de nombreux travaux qui décrivent, dans la plupart des cas d'ACP, la présence de lésions de type Alzheimer (plaques séniles et dégénérescences neurofibrillaires [25-27]), mais avec cependant une distribution atypique des lésions, qui respectent relativement les structures hippocampiques et prédominent dans les régions pariéto-occipitales [5, 13]. Ceci a amené certains auteurs à classifier l'ACP comme un sous-groupe de la MA et à parler de « variante visuelle de la maladie d'Alzheimer » [23, 28, 30] plutôt que d'une entité autonome. La différence histopathologique entre MA et ACP reposerait donc sur la distribution des lésions. Plus rarement, l'examen anatomo-pathologique de patients qui avaient présenté un tableau clinique d'ACP a montré la présence de corps de Lewy, d'une gliose sous-corticale, d'une maladie de Creutzfeldt-Jakob ou d'une DCB [5, 12, 28-31]. Ainsi, dans l'étude de Renner et al. [12], sur 21 patients autopsiés, 13 avaient des lésions de MA, 2 associaient MA et corps de Lewy, 1 associait MA et maladie de Parkinson, 1 patient avait une MCL, 2 une DCB et 2 une MCJ. Cette hétérogénéité histopathologique suggère que le terme de « variante visuelle de la MA » ne devrait pas être utilisé car bien que nettement plus fréquentes, les lésions de type Alzheimer ont une distribution atypique et ne sont pas les seuls processus anatomopathologiques identifiés dans les tableaux d'ACP. Malgré cette variabilité histopathologique, la présentation clinique des troubles reste assez constante, homogène et spécifique comme le décrivait déjà Benson [1]. L'ACP est donc actuellement considérée comme une entité nosologique distincte des autres affections neurodégénératives de par son tableau clinique spécifique, la distribution de ses lésions et malgré son hétérogénéité histopathologique [32].

L'observation

Présentation

Madame HL, âgée de 60 ans, droitière, ancienne gérante d'un magasin, se présente à notre consultation mémoire en mai 2006. Elle est célibataire et vit seule en appartement.

Lors du premier entretien, elle se plaint de difficultés pour détecter les lettres et de ne plus pouvoir lire. Elle dit écrire parfaitement bien, mais sans toutefois pouvoir se relire. Elle rapporte également voir les personnes plus « foncées » qu'elles ne le sont réellement et de voir les objets en « surbrillance ». Cette patiente dit ne plus reconnaître les personnes qu'elle connaissait auparavant ou des membres de sa famille, mais ce problème disparaît lorsqu'elle entend leur voix.

Madame HL se décrit comme très autonome et ne se plaint ni de difficultés de mémoire, ni d'attention. A la retraite, elle s'occupe activement de sa mère. Elle se rend fréquemment au domicile de celle-ci pour lui donner ses traitements ce qui l'oblige à traverser Paris en transport en commun sans rencontrer de problème. Elle dit reconnaître les boites de médicaments à administrer à sa mère uniquement grâce à leurs couleurs.

Sur le plan comportemental, Madame HL est très difficile à canaliser pendant l'entretien et la passation des tests neuropsychologiques. Elle consulte principalement pour améliorer son état et elle est très demandeuse d'une prise en charge rapidement efficace de ses difficultés visuelles. Toutefois, elle comprend mal l'utilité d'une évaluation neuropsychologique détaillée qui pourrait servir ensuite à définir au mieux un programme de rééducation cognitive, si cela s'avère possible. Impatiente, elle ne vient pas à toutes les consultations et de ce fait son bilan manque d'exhaustivité. Au niveau thymique, elle se dit plutôt triste mais sans que de réels affects dépressifs n'aient pu être objectivés lors de l'évaluation psychiatrique.

Bilan neuropsychologique (tableau 2)

Evaluation du traitement visuo-perceptif

Aucun des objets présentés à cette patiente n'est identifié par le canal visuel, alors qu'elle les reconnaît instantanément lorsqu'ils sont présentés dans une autre modalité sensorielle (audition, olfaction ou toucher). Elle a d'ailleurs tendance spontanément à vouloir saisir les objets à identifier. L'évaluation des processus perceptifs précoces montre d'importantes difficultés qui ne paraissent pas être expliquées par des troubles sensoriels visuels au vu de la normalité des examens ophtalmologiques. Les caractéristiques élémentaires des formes ne peuvent être extraites des images, Madame HL est dans l'impossibilité de réaliser les épreuves de jugement « même-différent » des formes simples de la Birmingham object recognition battery (BORB) [33], les tests de détection de formes et de lettres incomplètes de la Visual object and space perception battery (VOSP) [34] ou encore d'autres épreuves de jugement ou d'appariement de formes simples. Elle dit ne rien percevoir lorsque les planches des tests lui sont présentées. Toutefois, sur incitation verbale, elle déduit que lui sont présentées des feuilles blanches mais selon elle, rien n'y serait inscrit. Différentes tâches d'identification d'objets réels, d'images en noir et blanc ou en couleurs ont été impossibles à effectuer par la patiente. Une analyse de ses capacités visuelles a été menée sur la base d'un relatif consensus qui existe actuellement pour distinguer six formes différentes d'agnosie visuelle en fonction de l'étape de traitement interrompue dans le processus d'identification tel qu'il est formalisé par les modèles de reconnaissance de type structural (voir à ce sujet le modèle d'Humphreys et Riddoch [18, 19]). Madame HL semble perturbée pour réaliser des traitements perceptifs de bas niveaux liés à l'extraction des caractéristiques élémentaires de la forme comme les bords, les coins, les courbes, etc. Cette atteinte caractérise, selon le modèle d'Humphreys et Riddoch [18], une agnosie de la forme qui est l'agnosie la plus sévère. L'agnosie de la forme ne se distingue de la cécité corticale que par la préservation de l'acuité visuelle et la perception de la couleur. Par ailleurs, le modèle du traitement perceptif visuel étant hiérarchique, il n'est donc pas utile de tester les autres aspects du modèle car ils seront obligatoirement altérés.

Le traitement des visages a été évalué par un test d'appariement de visages (Facial recognition test record [35]), une épreuve d'identification des expressions faciales (visages d'Ekman [36]), et d'identification de visages célèbres. Toutes ces épreuves sont massivement perturbées, Madame HL ne peut que répondre au hasard, alors qu'elle n'a aucun mal à reconnaître son clinicien référent dès qu'il lui parle ou qu'il vient à sa rencontre dans la salle d'attente. Cette dissociation comportementale est habituellement rapportée chez les patients présentant une prosopagnosie.

La lecture de mots ainsi que l'identification de lettres isolées sont impossibles, alors que les épreuves de dictée de mots réguliers, irréguliers ou de logatomes sont relativement bien réalisées, aussi bien par écrit que sur épellation, mais la lecture de ces mêmes mots est ensuite impossible. Madame HL présente donc une alexie sans agraphie.

Au total, l'atteinte des traitements perceptifs précoces rend compte d'une agnosie de la forme qui concerne tous les types de stimuli visuels tels que les objets, les images, les visages ou les lettres. En revanche, la perception des couleurs et de certaines textures est relativement préservée.

Tableau 2 Examen neuropsychologique de Madame HL.Table 2. Neuropsychological examination of Mrs HL.

Tests

Score

Seuil/Norme

Fonctionnement cognitif global

   

MMSE

16/30

< centile 1

Traitements visuo-perceptifs

   

Visual Object and Space Perception Battery

   

Perception d'objets

   

Test de détection de formes

Impossible

15/20

Test des lettres inachevées

Impossible

16/20

Test des silhouettes

Impossible

15/30

Birmingham Object Recognition Battery

   

Appariement de longueur

Impossible

24/30

Appariement de taille

Impossible

23/30

Appariement d'orientation

Impossible

20/30

Position d'une lacune

Impossible

27/30

Identification de formes simples (triangle, carré, rectangle, ovale)

1/4

 

DO-80

Impossible

 

Discrimination vivant/non-vivant sur images

3/6

 

Dénomination d'objets réels

   

Sur entrée visuelle

0/10

 

Sur entrée tactile

10/10

 

Sur entrée auditive

3/3

 

Sur entrée olfactive

3/3

 

Facial Recognition Test Record Form

Impossible

37/54

Identification de visages célèbres et inconnus

Impossible

 

Identification d'expressions faciales (visages d'Ekman)

2/10

 

Langage

   

Set Test d'Isaacs

   

15 secondes

21

Centile < 10

60 secondes

49

Centile < 10

Logatomes

10/10

 

Epellation de mots

   

Réguliers

5/5

 

Irréguliers

5/5

 

Logatomes

4/5

 

Reconstitution de mots sur épellation

   

Réguliers

3/5

 

Irréguliers

3/5

 

Logatomes

2/5

 

Identification de lettres

0/6

 

Lecture de phrases

Impossible

 

Dénomination de couleur

16/20

 

Traitements visuo-spatiaux

   

Visual Object and Space Perception Battery

   

Perception spatiale

   

Dénombrement de points

Impossible

8/10

Discrimination de positions

Impossible

18/20

Test de barrage de lignes

Impossible

 

Test de barrage de symboles

Impossible

 

Tâches de suivi de cible

Parfait

 

Tâches de préhension d'objets dans l'espace

Parfait

 

Praxies

   

Praxies idéomotrices

   

Gestes symboliques

5/5

 

Gestes mimés monomanuels

5/5

 

Gestes mimés bimanuels

4/5

 

Imitation de gestes sans signification

1/5

 

Praxies constructives

   

Dessins de copie

Impossible

 

Dessins de mémoire (fleur, vélo, pendule, maison)

1/4

 

Fonctions exécutives

   

Similitudes (WAIS-R)

4/19

10 ± 3

Mémoire

   

Orientation temporo-spatiale (MMS)

9/10

 

Empan de chiffres endroit

6

Moyenne : 6 ± 1,3

Empan de chiffres envers

3

Moyenne : 5 ± 0,9

Mémoire logique (MEM-III)

   

Mémoire logique I

9/19

10 ± 3

Mémoire logique II

7/19

10 ± 3

Pourcentage de rétention

76 %

 

Questionnaire sémantique

74/78

 

Evaluation du traitement visuo-spatial

Il n'existe pas d'éléments du syndrome de Balint (même s'il est difficile d'évaluer la présence d'une simultagnosie face à l'importante agnosie de la forme) ou du syndrome de Gerstmann. L'appréciation du mouvement, la poursuite de cible dans l'espace et la préhension des objets sont tout à fait respectées.

Au total, il semble donc que les traitements visuo-spatiaux et l'appréhension de l'espace ne sont pas atteints, ce qui suggère l'intégrité fonctionnelle de la voie visuelle dorsale. En revanche, il existe un trouble majeur de l'identification visuelle qui concerne tous les types de stimuli visuels (objets, images, visages et lettres), ce qui atteste d'une atteinte de la voie visuelle ventrale.

Evaluation du langage

Le langage spontané de Madame HL est informatif et cohérent. Les épreuves testant le langage en situation dirigée mettent en évidence un abaissement des capacités de fluence verbale au Set Test d'Isaacs [37]. Il existe également une alexie de bas niveau avec une atteinte du traitement perceptif. La reconstitution de mots est possible sous épellation, mais Madame HL est incapable de se servir du feedback visuel lors de l'écriture, il n'existe donc pas d'agraphie.

Evaluation des praxies

La réalisation de gestes symboliques et de pantomimes d'objets mono ou bimanuels est normale. L'imitation de gestes est en revanche impossible. Les praxies constructives, évaluées à l'aide de la réalisation de dessins de mémoire, sont altérées (cf. exemples présentés dans la figure 1).

Evaluation des fonctions exécutives

L'évaluation des fonctions exécutives de Madame HL révèle un ralentissement cognitif (cf. toutes les épreuves en temps limité sont altérées), un trouble de la conceptualisation (cf. l'épreuve des similitudes la WAIS-R [38]) et de la mise en place de stratégies de recherche en mémoire à long terme (cf. le Set Test d'Isaacs [37]).

Evaluation de la mémoire

Madame HL ne présente pas de désorientation temporo-spatiale. Ses capacités de mémoire de travail sont déficitaires (épreuve des empans). Au niveau de la mémoire à long terme verbale, les performances obtenues aux rappels d'histoires logiques de la MEM-III [39] indiquent une consolidation fragile des informations nouvelles à long terme observée en situation de rappel différé. En revanche, la mémoire sémantique, évaluée à l'aide de questionnaires verbaux concernant les attributs perceptifs et fonctionnels d'objets vivant ou manufacturés, apparaît préservée (tableau 2).

Examens complémentaires

Madame HL a comme antécédents significatifs un diabète de type II. L'examen neurologique est sans particularité, elle n'a aucun déficit moteur, ses réflexes tendineux sont normaux et symétriques, l'oculomotricité est normale. Il n'existe pas de syndrome extrapyramidal.

Madame HL avait déjà réalisé de nombreux examens ophtalmologiques lors de son arrivée à la consultation neurologique, qui étaient tous normaux ; en particulier il n'existait pas d'anomalie du champ visuel, seule une rétinopathie diabétique non-proliférante débutante au niveau des deux yeux a été objectivée, mais elle n'est vraisemblablement pas assez importante pour expliquer la plainte et les performances neuropsychologiques de cette patiente. Fait intéressant, le compte rendu de l'examen ophtalmologique met en avant la discordance qui existe entre les résultats quasi normaux de l'examen et les plaintes visuelles de la patiente.

L'IRM encéphalique (figure 2) confirme la présence d'une atrophie essentiellement corticale prédominant dans les régions occipitales, plus importante à droite qu'à gauche et intéressant plus particulièrement le gyrus lingual supérieur O5, le gyrus fusiforme O4 et le gyrus occipital inférieur O3.

Conclusion

De nombreuses études ont porté sur la description des ACP, elles ont toutes confirmé et étendu les théories et observations originales de Benson. Ainsi, Mendez et al. ont proposé en 2002 [2] de nouveaux critères diagnostiques cliniques et pathologiques des ACP associant une plainte visuelle, une installation insidieuse et une progression graduelle des troubles, des déficits visuels complexes prédominant à l'évaluation clinique (éléments du syndrome de Balint, agnosie visuelle, apraxie d'habillage et désorientation environnementale) sans trouble visuel sensoriel. Peuvent être également présents, une alexie, des éléments du syndrome de Gerstmann et une apraxie idéomotrice. L'imagerie cérébrale anatomique montre des anomalies principalement localisées sur les régions occipito-temporales avec un respect relatif des régions frontales et mésiotemporales. Une discussion des critères diagnostics de Mendez et al. a été proposée par Tang-Wai et al. en 2004 [3] pour qui la présence d'une anomalie du champ visuel ne permet pas de rejeter le diagnostic d'ACP.

Mais quels que soient les critères utilisés, la spécificité de l'ACP réside donc dans la présentation clinique des patients et les troubles spécifiques caractérisant une atteinte visuelle corticale.

L'examen neuropsychologique de notre patiente met en évidence de façon prépondérante une agnosie de la forme, ainsi qu'une prosopagnosie et une alexie essentiellement de bas niveau avec une atteinte du traitement perceptif, alors que la reconnaissance des couleurs est par comparaison relativement préservée, ainsi que l'ensemble des aptitudes visuo-spatiales testées. Ce tableau clinique suggère une atteinte relativement isolée de la voie visuelle ventrale. À cette sémiologie, se rajoutent une méconnaissance modérée de ses difficultés et la présence de déficits dysexécutifs et mnésiques au second plan marquant probablement l'évolution de la maladie. L'IRM encéphalique révèle une atrophie des régions occipitales et pariétales postérieures. Ce tableau est en accord avec les critères diagnostiques de Mendez et al. [2] et souligne l'intérêt de distinguer deux formes distinctes d'ACP, l'une dorsale et l'autre ventrale comme l'ont proposé Ross et al. [10]. Bien que moins fréquemment rencontré dans la littérature, le cas clinique de Madame HL montre que la forme ventrale peut également être observée en pratique clinique.

Références

1 Benson DF, Davis R, Synder B. Posterior cortical atrophy. Arch Neurol 1988 ; 45 : 789-93.

2 Mendez MF, Ghajarania M, Perryman KM. Posterior cortical atrophy : clinical characteristics and differences compared to Alzheimer's disease. Dement Geriatr Cogn Disord 2002 ; 14 : 33-40.

3 Victoroff J, Ross GW, Benson DF, Verity MA, Vinters HV. Posterior cortical atrophy. Neuropathologic correlations. Arch Neurol 1994 ; 51 : 269-74.

4 Tang-Wai DF, Graff-Radford NR, Boeve BF, Dickson DW, Parisi JE, Crook R, et al. Clinical, genetic and neuropathologic characteristics of posterior cortical atrophy. Neurology 2004 ; 63 : 1168-74.

5 Pick A. Über eine eigentümliche Sehstörung senil Dementer. Jahrb Psychiatrie Neurol 1902 ; 22 : 35-44.

6 Charnallet A. Evaluation des agnosies visuelles. In : Hénaff M-A, Belin C, Boucart M, eds. Vision : aspects perceptifs et cognitifs. Marseille : Solal, 1998 : 279-301.

7 Vighetto A. Exploration de la fonction visuelle. In : Hénaff M-A, Belin C, Boucart M, eds. Vision : aspects perceptifs et cognitifs. Marseille : Solal, 1998 : 77-88.

8 Croisile B. Le syndrome de Benson (ou atrophie corticale postérieure) : quelles questions poser aux patients pour repérer ce syndrome rare et méconnu ? Neurologies 2008 ; 11 : 424-8.

9 McMonagle P, Deering F, Berliner Y, Kertesz A. The cognitive profile of posterior cortical atrophy. Neurology 2006 ; 66 : 331-8.

10 Ross SJ, Graham N, Stuart-Green L, Prins M, Xuereb J, Patterson K, et al. Progressive biparietal atrophy : an atypical presentation of Alzheimer's disease. J Neurol Neurosurg Psychiatry 1996 ; 61 : 388-95.

11 Aharon-Peretz J, Israël O, Goldsher D, Peretz A. Posterior cortical atrophy variants of Alzheimer's disease. Dement Geriatr Cogn Disord 1999 ; 10 : 483-7.

12 Renner J, Burns J, Hou CE, McKeel DW, Storandt M, Morris J. Progressive posterior cortical dysfunction. A clinicopathologic series. Neurology 2004 ; 63 : 1175-81.

13 Hof PR, Vogt BA, Bouras C, Morrison JH. Atypical form of Alzheimer's disease with predominant posterior cortical atrophy : a review of lesion distribution and circuit disconnection in cortical visual pathways. Vision Res 1997 ; 37 : 3609-25.

14 Galton CJ, Patterson K, Xuereb JH, Hodges JR. Atypical and typical presentation of Alzheimer's disease : a clinical, neuropsychological, neuroimaging and pathological study of 13 cases. Brain 2000 ; 123 : 484-98.

15 Konstantine KZ, Boulos MI. Posterior cortical atrophy. The neurologist 2001 ; 7 : 341-9.

16 Formaglio M, Krolak-Salmon P, Tilikete C, Bernard M, Croisile B, Vighetto A. Homonymous hemianopia and posterior cortical atrophy. Rev Neurol (Paris) 2009 ; 165 : 256-62.

17 Yoshida T, Yuki N, Nakagawa M. Complex visual hallucination and mirror sign in posterior cortical atrophy. Acta Psychiatr Scand 2006 ; 114 : 62-5.

18 Humphreys GW, Riddoch MJ. The fractionation of visual agnosia. In : Humphreys GW, Riddoch MJ, eds. Visual object processing : A cognitive neuropsychological approach. Londres : Erlbaum, 1987 : 281-306.

19 Riddoch MJ, Humphreys GW. Object Recognition. In : Rapp B, ed. The handbook of cognitive neuropsychology. What deficits reveal about the human mind. Philadelphie : Psychology Press, 2001 : 45-7.

20 Caprile C, Bosch B, Rami L, Sánchez-Valle Díaz R, Bartrés-Faz D, Molinuevo JL. Posterior cortical atrophy. Its neuropsychological profile and differences from typical Alzheimer's disease. Rev Neurol 2009 ; 48 : 178-82.

21 Freedman L, Selchen DH, Black SE, Kaplan R, Garett ES, Namias C. Posterior cortical dementia with alexia : Neurobehavioral, MRI and PET findings. J Neurol Neurosurg Psychiatry 1991 ; 54 : 443-8.

22 Nestor PJ, Caine D, Fryer TD, Clarke J, Hodges JR. The topography of metabolic deficits in posterior cortical atrophy (the visual variant of Alzheimer's disease) with FDG-PET. J Neurol Neurosurg Psychiatry 2003 ; 74 : 1521-9.

23 Pietrini P, Furet ML, Graff-Radford N, Freo U, Alexander GE, Grady CL, et al. Preferential metabolic involvement of visual cortical areas in a subtype of Alzheimer's disease : Clinical implication. Am J Psychiatry 1996 ; 153 : 1261-8.

24 Polk M, Kertesz A. Music and language in degenerative disease of the brain. Brain Cogn 1993 ; 22 : 98-117.

25 Hof PR, Bouras C, Constandinis J, Morrisson JH. Balint's syndrome in Alzheimer's disease : specific disruption of the occipito-parietal visual pathway. Brain Res 1989 ; 493 : 368-75.

26 Hof PR, Archin N, Osmand AP, Dougherty JH, Wells C, Bouras C, et al. Posterior cortical atrophy in Alzheimer disease : analysis of a new case and re-evaluation of a historical report. Acta Neuropathol 1993 ; 86 : 215-32.

27 Ross SJ, Graham N, Stuart-Green L, Prins M, Xuereb J, Patterson K, et al. Progressive biparietal atrophy : an atypical presentation of Alzheimer's disease. J Neurol Neurosurg Psychiatry 1996 ; 61 : 388-95.

28 Levine DN, Lee JM, Fisher CM. The visual variant of Alzheimer's disease : a clinicopathological case study. Neurology 1993 ; 43 : 305-13.

29 Vargas ME, Kupersmith MJ, Savino PJ, Petito F, Frohman LP, Warren FA. Homonymous field defect as the first manifestation of Creutzfeldt-Jakob disease. Am J Ophtalmol 1995 ; 119 : 497-504.

30 Purvin V, Bonnin J, Goodman J. Palinopsia as a a presenting manifestation of Creutzfeldt-Jakob disease. J Clin Neuro-Ophtalmol 1989 ; 9 : 242-6.

31 Caselli RJ. Visual syndromes as the presenting feature of degenerative brain disease. Semin Neurol 2000 ; 20 : 139-44.

32 Tang-Wai D, Mapstone M. What are we seeing ? Is posterior cortical atrophy just Alzheimer's disease ? Neurology 2006 ; 66 : 300-1.

33 Riddoch MJ, Humphreys GW. Birmingham Object Recognition Battery. Hove, Hillsdale : L. Erlbaum Associates, 1993.

34 Warrington EK, James M. The Visual Object and Space Perception Battery. Bury St. Edmunds : Thames Valley Test Company, 1991.

35 Benton A, Van Allen M, Hamsher K, Levin H. Test of Facial Recognition Manual. Iowa City : Benton Laboratory of Neuropsychology, 1983.

36 Ekman P. Pictures of facial affect. Palo Alto : Consulting Psychologist Press, 1976.

37 Isaacs B, Kennie AT. The Set test as an aid to the detection of dementia in old people. Br J Psychiatry 1973 ; 123 : 467-70.

38 Wechsler D. Manual for the Wechsler Adult Intelligence Scale-Revised. New York : Psychological Corporation, 1981.

39 Wechsler D. Echelle clinique de mémoire de Wechsler- 3e édition. Paris : ECPA, 2001.

1 Incapacité pour le malade d'orienter son regard dans son champ visuel périphérique alors que les mouvements oculaires automatico-réflexes sont normaux.

 

 

 

   

 

]]>
http://daion.lacoctelera.net/post/2009/10/02/l-atrophie-corticale-posterieure-2#comentarios
Guía de apoyo psicológico para enfermedades raras (FEDER) http://daion.lacoctelera.net/post/2009/09/26/guia-apoyo-psicologico-enfermedades-raras-feder 2009-09-26T14:46:44+00:00 GUÍA DE APOYO PSICOLÓGICO PARA ENFERMEDADES RARAS // fecha de publicación 21/09/2009 6:00:00      

La Federación Española de Enfermedades Raras (FEDER), en colaboración con la División biotecnológica de la compañía químico-farmacéutica alemana Merck, ha publicado reicientemente la primera Guía de Apoyo Psicológico para Enfermedades Raras. La guía está dirigida a afectados y familiares, así como a los profesionales de la salud o voluntarios que atienden a este colectivo, proporcionando material muy valioso en la intervención con estas familias.

 

El término Enfermedades Raras hace referencia a un grupo diverso de enfermedades, la mayoría de base genérica y de baja prevalencia, que se definen en el contexto de la Unión Europea como aquellas que, además de ocasionar peligro de muerte o invalidez crónica, afectan a menos de un paciente por cada 2.000 habitantes.

 

Dado que actualmente han sido catalogadas como raras entre 5.000 y 8.000 enfermedades diferentes, el conjunto de afectados por esta condición es muy elevado. Se estima que el total de afectados por patologías raras (llamadas también "huérfanas") ronda los 3 millones en España y los 27 millones en Europa.

 

El diagnóstico de una Enfermedad Rara (ER) supone un grave impacto para la familia debido a los condicionantes que guían este tipo de dolencias, ya que suelen tratarse de enfermedades muy graves, sin tratamiento específico y donde el grado de incertidumbre o desconocimiento, tanto para el afectado como para los familiares, suele ser muy elevado. Este diagnóstico (a menudo ligado a un largo peregrinaje por diferentes especialistas) supone un cambio importante para la dinámica familiar, por lo que la guía pretende facilitar este proceso de adaptación y minimizar el impacto emocional, con el objetivo de mejorar la calidad de vida y reducir las posibles secuelas a nivel psicológico entre los afectados (depresión, trastornos de ansiedad, problemas de sueño, pérdida de autoestima, etc.).

 

El manual, elaborado por psicólogos especialistas en este campo, plantea distintos niveles de atención en apoyo psicológico en ER en función de la complejidad de las necesidades del afectado y sus familiares. A través de los diferentes capítulos se definen las ER y su contexto, así como las necesidades psicosociales y sanitarias que presentan estos afectados y sus familiares. También se proporcionan claves para reconocer las diferentes fases del proceso de adaptación por las que pasa el enfermo y su familia; así como las actitudes que son más adecuadas para afrontar estas fases y poder llevar a cabo este proceso de manera constructiva.

 

La guía aborda el problema del estrés como factor de riesgo para la aparición de complicaciones médicas asociadas a la enfermedad y conflictos familiares, y proporciona pautas de manejo del estrés y herramientas para mejorar la comunicación con el afectado y su familia. Por último, se detallan los diferentes servicios de atención psicológica que proporciona FEDER.

 

Se puede descargar la Guía a través de la página Web de FEDER, pinchando en el siguiente enlace:

Guía de Apoyo Psicológico para Enfermedades Raras

]]>
http://daion.lacoctelera.net/post/2009/09/26/guia-apoyo-psicologico-enfermedades-raras-feder#comentarios
Reconocimiento de la migraña como enfermedad crónica http://daion.lacoctelera.net/post/2009/09/26/reconocimiento-la-migrana-como-enfermedad-cronica 2009-09-26T14:44:31+00:00 SOLICITAN EL RECONOCIMIENTO DE LA MIGRAÑA COMO ENFERMEDAD CRÓNICA // fecha de publicación 25/09/2009 6:00:00      

De acuerdo a los datos proporcionados por la Asociación Española de Pacientes con Cefalea (AEPAC) y la Fundación Migraña, más de un millón y medio de personas sufren más de 15 crisis de migraña al mes, y casi siete de cada diez pacientes no está diagnosticado ni tratado.

 

Las migrañas son tratadas por parte de la administración de nuestro país como patologías de segundo rango, no estando reconocidas como enfermedad crónica, a pesar de que provocan una interferencia importante con la realización de las actividades de la vida diaria, tienen graves implicaciones para las bajas laborales y suponen un grave impacto en la calidad de vida del paciente.

 

Durante este mes de septiembre, la AEPAC está realizando una intensa campaña de concienciación sobre esta dolencia. Así, se han dado a conocer los últimos datos de la encuesta de la European Headache Alliance sobre la valoración de la accesibilidad a los servicios médicos y la satisfacción obtenida por lo pacientes con dolor de cabeza, realizada en distintos países europeos. Según los resultados de dicho estudio, del 86% de los pacientes entrevistados que afirmó acudir a los servicios de salud para buscar tratamiento para su dolor de cabeza, el 57% acudió directamente al neurólogo y el 35% a los niveles de Atención Primaria. A pesar de ello, la práctica clínica habitual muestra que muchos pacientes no encuentran fácil encontrar médicos que les sepan atender y, en muchos casos, la respuesta obtenida tras acudir al médico no satisface al paciente o no resuelve su problema (82,6%).

 

Tal y como aparece recogido en la nota de prensa de Europa Press, la Presidenta de la AEPIC, Elena Ruiz de la Torre, afirmó que "estos datos indican que es preciso contar con más profesionales que sepan tratar a los pacientes con migraña y crear centros de referencia como existen en otros países de Europa".

Por otro lado, la AEPAC está luchando por el reconocimiento de la migraña como enfermedad crónica en nuestro país, tal y como está reconocida por la OMS y por el resto de los países de Europa. Este reconocimiento, aportaría a los pacientes con esta enfermedad, los beneficios sociales que les corresponden y que hasta hoy, debido al desconocimiento de la patología y lo que supone para los que la padecen, nunca se había considerado. Por este motivo, está realizando una campaña de recogida de firmas, que serán enviadas al Ministerio de Sanidad.

Todos los interesados pueden obtener más información en la página Web de dicha asociación: Asociación Española de Pacientes con Cefalea

]]>
http://daion.lacoctelera.net/post/2009/09/26/reconocimiento-la-migrana-como-enfermedad-cronica#comentarios
SUICIDIOS EN FAMILIA http://daion.lacoctelera.net/post/2009/09/15/suicidios-familia 2009-09-15T13:35:02+00:00

Encefaloscopio - Corteza frontopolar 


Las tasas de suicidio en los Estados Unidos han aumentado por primera vez en un decenio, según un informe publicado en octubre de 2008 por la Escuela Bloomberg de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins. Pero, ¿qué arrastra hasta el suicidio? Los resultados de tres estudios recientes inducen a sospechar que los cambios neurológicos en el cerebro del suicida difieren de los producidos en otros cerebros, cambios que se desarrollan en el transcurso de toda una vida.
La senda que con mayor frecuencia conduce al suicidio es la depresión. Aflige a dos terceras partes de quienes deciden quitarse la vida. Según una investigación canadiense de 2008, los deprimidos que llegan al suicidio poseen una distribución anormal de GABA, uno de los neurotransmisores más abundantes en el cerebro. GABA es un inhibidor de la actividad neuronal. "En un símil con los mandos de un automóvil, GABA correspondería al pedal del freno", explica Michael Poulter, de la Universidad de Western Ontario.
Tras comparar la corteza frontopolar de suicidas que sufrían graves trastornos depresivos con la corteza de personas no deprimidas, fallecidas por otras causas, Poulter y sus colegas descubrieron que uno de los millares de tipos de receptores de GABA estaba infrarrepresentado en la corteza frontopolar de los suicidas. La corteza frontopolar participa en el pensamiento de "alto nivel", caso, por ejemplo, de la adopción de decisiones. Se ignora todavía de qué forma conduce esta anormalidad al tipo de grave depresión que torna al individuo en suicida, pero "se puede pronosticar que todo cuanto perturbe dicho sistema tendrá algún tipo de consecuencia importante", afirma Poulter.
Es de señalar que este problema con el receptor de GABA no nace de genes mutados o anormales. Por el contrario, se trata de un cambio epigenético: influencias ambientales que alteran la normal expresión de los genes en proteínas. El equipo descubrió que, en la corteza frontopolar de los cerebros de los suicidas, el gen correspondiente al receptor GABA-A solía tener ligado un grupo metilo. Cuando un grupo metilo se adhiere a un gen, tal gen queda oculto ante la maquinaria celular de síntesis de proteínas y, en este caso, impide que las neuronas manufacturen los receptores GABA-A.
La metilación, o adición del radical metilo, se produce con mayor frecuencia en roedores transgénicos que en ratones normales. Menos se conoce sobre las causas de la metilación en el cerebro humano; no obstante, según otro estudio reciente pudiera estar relacionada con maltratos durante la infancia. Investigadores de la Universidad McGill informaron en mayo pasado que el gen responsable de la creación de maquinaria productora de proteínas aparece en el hipocampo --región cerebral responsable de la memoria a corto plazo y de la orientación por nuestro espacio-- metilado con mayor frecuencia en suicidas maltratados en su infancia.
Se ignora todavía qué averías del mecanismo de síntesis de proteínas pueden conducir a la depresión y al suicidio. "Entra dentro de la lógica que quienes tengan una capacidad reducida de síntesis de proteínas, estén privándose gradualmente de la construcción de sinapsis críticas", que podrían ser importantes para conservar la felicidad, opina Moshe Szyf, coautor y farmacólogo en McGill. "Nuestra hipótesis es que al principio de la vida se dan acontecimientos sociales que, por así decirlo, programan epigenéticamente al cerebro", expone. Szyf y colegas se dedican ahora a comparar los cerebros de suicidas que sufrieron malos tratos con los de cerebros de suicidas que no los sufrieron, en busca de diferencias en sus patrones de metilación.
La influencia epigenética puede modificar el desarrollo del cerebro incluso durante su gestación en el útero materno, llevándolo por vías que elevan el riesgo de un eventual suicidio. En un estudio realizado en febrero de 2008, se apreció que los niños varones escasos de talla o de masa corporal tienen mayor probabilidad de suicidarse llegados a adultos que los nacidos con tallas grandes o mayor peso, con independencia de la estatura y peso que alcancen de adultos. Así mismo, los niños varones nacidos prematuramente presentan una frecuencia relativa cuatro veces mayor de tentativa de suicidio que los nacidos a término normal. Los autores proponen la intervención de la serotonina, otro neurotransmisor, implicado en el desarrollo del cerebro fetal. Un ambiente uterino estresante, o con graves carencias, puede dificultar el desarrollo del feto y de su sistema de serotonina; otros estudios han hecho ver que los cerebros de quienes presentan conductas suicidas poseen una actividad serotonínica mermada.
En definitiva, estos hallazgos revelan que los cerebros de suicidas difieren de los demás en varios aspectos. "Se trata, en realidad, de algún tipo de desequilibrio biológico", afirma Poulter. Y dado que los cambios epigenéticos se producen normalmente en los primeros años de vida, tal vez llegue a ser posible identificar a jóvenes con elevado riesgo de suicidio estudiando sus pautas de metilación, y tratarlos después con fármacos que regulen ese mecanismo.

]]>
http://daion.lacoctelera.net/post/2009/09/15/suicidios-familia#comentarios