Adictos...¡ al trabajo!
Lunes 14 de enero de 2008
TIEMPO LIBRE
Los adictos al trabajo y a internet padecen en las vacaciones
Muchos llenan un vacío interior con sus tareas.
La adicción por el trabajo es una patología social que se disimula tras el ropaje de una virtud; pero quien la padece, sufre.
Personas de entre 35 y 50 años, de condición socioeconómica media y alta, son el blanco perfecto para la adicción al trabajo.
Los síntomas se parecen a la pasión amorosa
El viaje en tren resulta una aventura cautivante para los nostálgicos
El peligro de la adicción al trabajo
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Todo el mundo conoce la vieja sentencia: “si el trabajo es salud, que viva la enfermedad”. Algunos respetan esta sentencia a rajatabla, y de una forma muy particular: han convertido al trabajo en su enfermedad, o por lo menos en un síntoma. En España se los llama “laboradictos”, y en Estados Unidos se empezó a hablar de ellos en los años 80, en que se acuñó el término workaholics de combinar las palabras “trabajo” -work- con alcoholic.
Por aquí se los llama simplemente adictos al trabajo y, justamente, lo que se dice es que son personas para las cuales las tareas terminan cumpliendo la misma función que para otros ocupa el alcohol: la de pasar a ser “lo único” y tapar grandes vacíos en otras áreas de la vida.
Pero la diferencia entre una persona adicta al trabajo y otra que simplemente trabaja -acaloradamente, si se quiere- puede no ser tan clara. Para la doctora María Teresa Calabrese, psiquiatra y psicoanalista miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), el valor positivo que la sociedad da al trabajo hace que este tipo de adicciones sea más difícil de identificar que otras, como podría serlo la adicción a alguna sustancia.
“La diferencia entre una persona que es adicta al trabajo y una muy responsable puede ser muy sutil”, reconoce; “pero, en general, el adicto es una persona que está todo el tiempo pensando en el trabajo; que, si tiene una cena familiar, lleva la laptop; que está permanentemente pendiente del celular, ahora que pueden enviarse mensajes por los celulares”.
“Es alguien que siente que no puede prescindir del trabajo -define-, pero en realidad con su ocupación busca llenar un vacío interior, y por eso sienten que prescindiendo de su labor no son nadie”. La cuestión se les complica cuando las demás áreas de la vida se desdibujan y comienzan a desaparecer por falta de atención.
Las personas con más propensión a caer en la adicción al trabajo suelen ser inseguras y tener dificultades para relacionarse. La compulsión al trabajo suele ser la forma en que piensan que van a lograr esa identidad deseada, pero que termina sumiéndolos en un pozo sin fondo.
¿Una “nueva” patología?
El target de la adicción al trabajo se da mayormente en personas de 35 a 50 años, y de condición socioeconómica entre media y alta. Para Calabrese, es simplemente un “nuevo ropaje” para una vieja patología: “es lo mismo que en el caso de algunos chicos y jóvenes con su adicción a internet y a las computadoras. No es que las computadoras los hayan vuelto adictos, sino que hay un déficit subyacente de la identidad que se ubica detrás de algo que es socialmente aceptado”.
Desde esa perspectiva, la diferencia esencial entre el adicto a una sustancia y el adicto al trabajo sería el grado de aceptación social que tienen una adicción y otra. La causa que está detrás, la razón de esa necesidad compulsiva de volcarse a alguna forma de adicción, sería, al menos teóricamente, la misma.
Pero si el trabajo no es un invento reciente, ¿por qué aparece recién en estos últimos años como un factor de preocupación para los expertos en adicciones? “El trabajo no es algo nuevo, pero sí han cambiado algunas modalidades”, aclara Calabrese, y el tema amerita un regreso a la cuestión etimológica: la psiquiatra recuerda que la palabra “trabajo” proviene del latín “tripallium“, un instrumento medieval de tres palos con cuyos golpes se “incentivaba” a los esclavos para que hicieran su tarea.
El advenimiento de la era digital, el mundo virtual y la posibilidad de llevarse tan fácilmente sus labores a casa parecen haber hecho lo suyo. La exigencia de maximización de la productividad es sin duda un condicionante sociocultural clave en estas nuevas modalidades patológicas de relación con la ocupación, ahora que no hay esclavos ni azotes físicos. Pero estas condiciones no surten en todos el mismo efecto: son las características personales las que pueden hacer caer a alguien en una adicción.
Hay trabajos y modalidades laborales que también cumplen su papel. Calabrese cita un estudio realizado en Estados Unidos que medía lo que muchas veces los psiquiatras y psicólogos escuchan en sus consultorios: que el momento en que muchos ejecutivos y hombres de negocios elegían para pensar mejor sus problemas laborales eran los momentos de descanso.
De aquí, una de las grandes paradojas que presentan los que son adictos a sus tareas: “a diferencia del trabajador responsable, que es eficiente en su trabajo, el adicto rinde poco, entre otras cosas, porque no tiene las horas de descanso necesarias”.
