La red cerebral de las creencias religiosas
Sin entrar en el debate sobre la existencia o no de Dios, lo que es
indudable es que las religiones y la fe sí existen. Están presentes en
todas las sociedades y culturas y son un rasgo único y exclusivo de
los seres humanos. Investigadores de los Institutos Nacionales de
Trastornos Neurológicos de EEUU han logrado ver, gracias a las
técnicas de imagen cerebral, dónde se localizan estas creencias y cómo
entran en funcionamiento.
"Nuestros pensamientos religiosos están mediados por unas regiones del
cerebro que han evolucionado con el paso del tiempo y que sirven para
otras funciones, entre ellas la de reconocer las intenciones de las
personas. Además están relacionadas con las emociones y la memoria",
explica a elmundo.es Jordan Grafman, principal autor del estudio que
se publica en la revista 'Proceedings of the National Academy of
Science'. "Las creencias religiosas forman una pequeña parte de un
proceso cognitivo mucho más amplio, del que no se pueden separar",
añade este especialista.
El equipo analizó tres componentes de estas creencias en 66
individuos: cómo percibían la implicación de Dios con el mundo, la
emoción provocada por la fe y las propias experiencias religiosas.
Mediante diversos test e imágenes de resonancia magnética, los autores
midieron la función cerebral de los participantes ante afirmaciones
del tipo 'Dios guiará mis actos', 'Dios está siempre presente' o 'Nos
castigará o recompensará al final de la vida', entre otras. Así
observaron que las áreas cerebrales que se activaban al escuchar
cuestiones de religión se situaban en el lóbulo temporal - que
desempeña un papel importante en el reconocimiento de las caras y en
el lenguaje- y el lóbulo frontal -implicado en la memoria y el
juicio-.
"De la misma manera en la que juzgamos a los demás y evaluamos sus
acciones, evaluamos a Dios, pues las áreas cerebrales implicadas en
ambos procesos son las mismas", argumenta Grafman. No obstante, aunque
estas sean las áreas implicadas, las regiones concretas que entran en
funcionamiento difieren si el individuo ama a Dios o si, por el
contrario, siente ira hacia él, al igual que ocurre con los
sentimientos de simpatía o antipatía hacia cualquier otra persona.
Enseñanzas recibidas
Otro de los aspectos que comprobaron los autores del nuevo trabajo es
que en la formación de estas creencias tienen mucho que ver las
enseñanzas recibidas. Una de las fuentes necesarias para el
conocimiento de las religiones es la doctrina, un conjunto de
proposiciones que los creyentes aceptan como verdaderas a pesar de que
no pueden verificarlo personalmente. La mayor parte de la doctrina
religiosa tiene un componente linguístico abstracto que es
culturalmente transmitido de generación a generación. Esto explica,
según los investigadores, que exista un vínculo claro entre la
religiosidad de un individuo y lo que le han enseñado sobre el tema
previamente y, todo ello, controlado por el lóbulo temporal,
responsable de las actividades discursivas y de memoria.
"Lo más destacable de nuestra investigación es que demuestra que la
religiosidad se puede estudiar con las técnicas de neurociencia y
compararse con los sistemas crebrales y neuronales que regulan otro
tipo de creencias. Además, hemos visto que la fe y los pensamientos
religiosos se adaptan a la evolución biológica de las funciones
cognitivas", declara a este periódico el especialista del Instituto de
Trastornos Neurológicos de Bethesda (EEUU).
De teoría en teoría
Las bases biológicas de la religión han sido desde siempre objeto de
un amplio debate en distintos campos, desde la antropología y la
genética pasando por la cosmología. Las teorías psicológicas
contemporáneas consideran que estas creencias son parte de un fenómeno
cerebral complejo que emergió en la especie humana con el objetivo de
ayudar a los individuos en sus relaciones sociales. Esto es lo que
sostiene, por ejemplo, la extendida Teoría de la Mente.
En cuanto a las redes neuronales de la religiosidad, poco se sabía
hasta ahora. Los primeros estudios al respecto se centraron en
manifestaciones concretas de la fe relacionadas con ciertas
patologías. Así, la hiperreligiosidad mostrada por algunos pacientes
con epilepsia motivaron algunas hipótesis que relacionaban las
creencias religiosas con las áreas cerebrales responsables de la
enfermedad. Lo mismo ocurrió con otros trastornos. No obstante,
ninguna de las teorías fue capaz de proponer una arquitectura
psicológica y neuronal firme sobre las bases que subyacen a estas
creencias.
"El objetivo de nuestro estudio era definir la estructura cerebral y
el proceso cognitivo que está detrás de las creencias religiosas. Y
con las técnicas de imagen hemos podido ver cuáles son estas regiones
del cerebro concretas" afirma Jordan Grafman, que indica que "una vez
identificadas estas regiones particulares tenemos una mayor capacidad
para caracterizar los posibles cambios de comportamientos que puede
experimentar una persona que se dañe dichas zonas".

miquelet dijo
Un articulo muy interesante Dáion
15 Marzo 2009 | 07:31 PM